A veces uno se encuentra en medio de una actividad de esparcimiento y de manera abrupta se da de bruces contra la realidad. En el momento menos esperado, justo cuando creemos estar protegidos por un enorme muro que nos separa de la realidad amenazadora, los bloques empiezan a caer uno por uno y nos vuelven a dejar a merced de las inclemencias de la vida.
Ese muro que nos separa de la realidad durante el esparcimiento es solo una estructura mental, una estructura que nos cuesta mayor o menor esfuerzo en edificar pero que de un momento a otro cae derribado como un castillo de naipes, que queda aplastado ante el inmensurable peso de lo cotidiano.
En esta ocasión mi muro era la lectura. Cómodamente en mi cama empecé a leer el capítulo llamado “Hüzün” del libro “Estambul” de Ohran Pamuk. Hüzün, explica el autor, es una palabra turca de raíz árabe y que puede traducirse como “amargura”. La tesis de Pamuk en este capítulo es cómo ese sentimiento es el dominante en su ciudad natal, otrora capital del Imperio Otomano, uno de los más grandes e importantes de la historia de la humanidad.
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