Historias de ulbanización

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Dos cuentos, un sólo color local: el de la cagá e país. Las dos historias son muy divertidas, cada una en su estilo. Pueden parecer falsas pero… ¿acaso no parece falso casi todo en este patio trasero del mundo?

 Gracias a Alejandro y a Maluka por sus colaboraciones.

 I

En una de esas noches de sueño liviano desperté y noté que había alguien andando sigilosamente por el jardín de la casa. Me levanté silenciosamente y me quede siguiendo los leves ruidos que venían de fuera, hasta ver una silueta que pasaba justo por la ventana del baño. 

Como mi casa es muy segura, con rejas en las ventanas y trancas internas en las puertas, no me preocupé demasiado, pero esta claro que no iba a dejar al ladrón ahí, contemplándolo tranquilamente. Llamé bajito a la policía e informé la situación:

           Si señor policía, hay un ladrón en el jardín de mi casa.
          ¿Pero usted ya lo vio?
          ¡Noooo! El va a venir a robar mañana, pero como yo soy muy precavido…
          ¿Perdón, como dijo?
          Que sí, que lo estoy viendo justo ahora
          ¿Y cuál es el 65 del sospechoso?
          ¿El 65?
           ¿Le vio el arma?
–      Señor agente, es de noche, ¿sabe? Está oscuro acá y no logro ni verle bien la cara.       
            Entiendo. 

 Le di la dirección de mi casa al policía.

 –     ¿Y el ladrón está solo?
–      Eso parece…
–      ¿Y ya entró a la casa?
–      No señor agente, está en el jardín, pero si seguimos hablando no sólo va a entrar… va a entrar y me va a dar un pepazo en la frente.
–      Entiendo… déme un segundo…

 Y empieza a hablar por el radio:
           12, ¿me copia?
–      Acá 12 central.
–      ¿Ya salió del 25-4?
–      Sí, pero tuvimos un problema porque se nos botó la guasacaca en el asiento.
–      Es que tenemos un 14 en la calle La Loma. ¿En cuánto tiempo podría llegar?
–      Coño… es que Medrano todavía está comiendo…
–      O-K. 

 Y vuelve a hablar por el teléfono:

           Disculpe, señor Meléndez.
–      Méndez.
–      Perdón, señor Méndez, es que no tenemos unidades cerca de la zona, pero apenas tengamos una desocupada se la mandamos para allá, ¿le parece?
–      Sí, gracias señor agente, yo hablo con el choro y le digo que se achante un pelo. 

Cuelgo el teléfono o, mejor dicho, lo lanzo y le meto un coñazo del arrecherón. Di vueltas alrededor de la mesa del comedor como un león enjaulado… y pasados unos dos o tres minutos volví a llamar a la comisaría.

           ¿Cómo está señor agente?  hace un rato llamé porque había alguien en mi jardín, pero tranquilo, no hay necesidad de que se apuren, yo ya maté al choro con un tiro de escopeta calibre 12 que tengo guardada para estas situaciones.
–      ¿Cómo es la cosa?
–      Sí, y el tiro hizo un desastre, le volé el coco y ahora tengo el jardín con sesos regados por todos lados.

Pasados menos de tres minutos, había en mi calle 5 patrullas de la policía municipal, la PM, dos motos de Disip que ya estaba llamando a la PTJ o como se llame ahora, una unidad de rescate, 3 defensores del pueblo, los círculos bolivarianos del barrio vecino, un equipo de reporteros del canal 8, un fiscal del Ministerio Publico, un diputado, dos concejales y un grupo de los derechos humanos, que no se perderían esto por nada del mundo.

Los pacos agarraron al ladrón in fraganti . El choro veía la situación con cara de absoluto asombro, seguro pensaba: ¡Coño la cagué, esta debe ser la casa de un chivo de la policía!

En medio del tumulto, un comisario se aproximó: 

–      Creí que había dicho que había matado al ladrón.

 Con calma, contesté

           Creí que me habían dicho que no había patrullas disponibles.

II

Levanto la mano izquierda, sonríes con la sonrisa número cuatro… con esto debería ser suficiente para que el pana de la caseta que escribe mensajitos de texto al cacho (que es la comadre de la prima de su mujer) levante con toda su ladilla la barra pesadísima de hierro…. Pero no fue así.

–      ¿Ashia ‘onde she ‘irige senorita?
–      Quinta San Judas Tadeo
–      A’elante

Paso el policía acostado, cuando de repente escucho:

          Epa Epa… (silbido) shhaaammmaaaa.

Freno el carro y me asomo por la ventana. El tipo se acerca a mi carro trotando.

          ¿Ajá?
          Mi reina, ¿le puede lleval el almuelzo a mi compañero de la otra vigilancia? 

Confundida con la bizarra petición, acepté llevarle la comida al otro señor que se encuentra a 3 Km.: un grasiento paquete que constaba de empanadas mañaneras y los clásicos espaguetis con atún en un tupperware que carga 1Kg… rebosante, como sellado al vacío. En todo el trayecto no paré de mirar la bolsa de Central Madeirense, riéndome yo sola… y es que pensaba: “Esto sólo pasa en Venezuela”, y les digo que a pesar de que es una caga e país… ¡nos divierte una bola!

         Señor, acá le traigo su almuerzo
        ¡Ahhh sí mija! Gracias, pase pase… ¡Y que dios me la bendiga! 

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6 Responses to “Historias de ulbanización”


  1. 1 chancho humedo 16 julio, 2007 en 1:24 pm

    ja, lo de la guasacaca es lo maximo!!!!

  2. 2 Felixmen 16 julio, 2007 en 1:24 pm

    Demasiado autóctono lo del tupperware con pasta y atún, quién no ha visto uno así?…

  3. 3 Alejo 16 julio, 2007 en 1:50 pm

    falto la salsa bayonesa y la Big cola……….

  4. 4 Jhacobson 20 julio, 2007 en 7:28 pm

    O la arepa sudada envuelta en la misma bolsa de Harina Pan.


  1. 1 Decadencia « Trackback en 6 noviembre, 2007 en 11:10 pm
  2. 2 youtube to mp3 converters Trackback en 4 marzo, 2015 en 12:43 pm

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