Nacer en Venezuela

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En el post anterior hablamos de la muerte. La intención de este post es contrastar del cielo a la tierra con. Y, por supuesto, seguir intentando entender la clase de país que tenemos.

A una prima suya, que tenía dolores abdominales desde hace rato, le sacaron un tuyuyo de la espalda. Decide comprar alguna fruta fresca y hacerle una visita de cortesía. Va caminando por el pasillo de la clínica. Apurado, porque la hora de visita termina a las 9 de la noche. Y de repente los consigue. Un grupo de personas, aproximadamente 40 ó 50, reunidas en un pasillo, delante de una habitación. Los ve felices. Los ve rebosantes. Los ve… borrachos. Con un trago en la mano. Bienvenidos a un nacimiento venezuelan-style. Adéntrese a su propio riesgo.

En Venezuela nadie nace en cuna de plata. Nos toca venir al mundo en clínicas frías y heladas, unos, u hospitales destartalados y mal equipados, otros. Sea su caso el primero o el segundo, la llegada de un bebé a este valle de lágrimas será un acontecimiento para sus familiares, y, como tal, será tratado y celebrado. Lo que empezó con un vasito encaletado de whisky para que el nervioso padre se relajara un poco se ha convertido en una bebedera apoteósica en las que todo el mundo bebe.

La receta es sencilla. Mezcle -o mejor dicho, apretuje- en una habitación de 4×4 metros a:

– Una madre, que puede estarse muriendo de los dolores post-cesárea, pero que invariablemente estará maquillada y peinada como para un Miss Venezuela. Debe tener aproximadamente 3 celulares a mano, y hacer uso de ellos en todo momento.

– Un nervioso padre, ojeroso, con una cámara de video en la mano.

– Los orgullosos suegros, dándole millones de consejos de crianza, lactancia, educación y cuidado del bebé a una madre que no los escucha por el uso de celulares antes mencionado. Estos suegros deben también, en la medida de lo posible, criticar sigilosamente todos los consejos de crianza, lactancia, educación y cuidado del bebé dados hace cinco minutos por los orgullosos consuegros.

– Hermanos de los padres y amigos más cercanos, que rivalizan en demostrar su afecto a los padres de la criatura a través de una competencia desbocada de regalos, peluches, arreglos florales y globos. Aquí, al igual que en la película de Godzilla y en los accesorios de los carros de los piqueros, el tamaño SI importa.

– Innumerables compañeros de trabajo, que por lo general vienen a hacer la visita por obligación y a los cinco minutos ya no tienen más nada que decir y se quedan, pegados a una pared, haciendo un silencio incómodo. A pesar de que aparentemente están relegados a ese protagonismo de segunda, son ellos los que tienen la delicada responsabilidad de decir la frase que desata el flujo de caña:

– Oye, ¡a ver cuándo nos tomamos los meados!

(Paréntesis para lector no venezolano. “Tomarse los meados” se refiere a una tradición venezolana que, como suele ocurrir con lo venezolano, implica grandes cantidades de alcohol. Es una reunión que suelen hacer las amistades y familiares a unos padres recientes, para conocer al recién nacido. Fin del paréntesis, sigamos por dónde íbamos)

– Oye, ¡A ver cuándo nos tomamos los meados!

Al oír esta frase, salta algún cuñado o hermano en cuestión de microsegundos con la respuesta de rigor:

– Ah, pero yo tengo en el carro una vainita… ¡Amílcar! mijo, baja un pelito al carro y busca en la guantera…

Y directo desde Escocia sale a relucir una botellota que, dependiendo de la condición social de los padres y/o familiares, puede estar entre los 8 y los 21 años. A medida que la caña fluye se va perdiendo la timidez: ya a nadie le va a importar que la enfermera vea que se esté tomando en el cuarto, o que las risas empiecen a perturbar a los pacientes vecinos. Probablemente la noche corra, pase la hora de visitas, y allí estarán, luchando con los peluches por el espacio vital, pegando cartulinas en la puerta del cuarto, haciendo cola para mear en el bañito milimétrico, dejando el vasito de plástico con el whisky aguado en el apoyo de la ventana del retén, o echando chistes a todo volumen:

– ¡Verga, igualito al papá! Ahora sólo falta saber quién es…

– JAJAJAJAJAJAJA

– No vale, yo si creo que tiene la cara del papá. Los ojos del papá. El pelo del papá. Pero la boquita si es de mamá.

– JAJAJAJAJAJAJAJA

– Les agradezco por favor a los señores que bajen un poco la voz, que ya la hora de visita se term…

– JAJAJAJAJAJAJAJAJ

Hasta allí llegó el respeto por el descanso de su prima, recién operada, o por el dolor del señor herniado de la habitación de enfrente, o por la señora que está allí mismito, en la habitación de más allá, ligando que el viejito le dure un poquito más. Es verdad, la llegada de un carajito es una ocasión de celebración, pero para eso hay otros lugares y otros momentos.

Sea en una humilde maternidad o una clínica, a los niños en Venezuela se les recibe con caña y a todo volumen, sin importarle a nadie los derechos de las personas que están alrededor. Se nos puede acusar de todo, menos de inconsecuentes: el niño saldrá de ese cuarto teniendo una idea bien clara del pedacito de planeta adonde le tocó nacer: mucha caña, mucha mala educación, y muy poco respeto. Cagá e país.

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8 Responses to “Nacer en Venezuela”


  1. 1 Felixmen 29 agosto, 2007 en 4:42 pm

    Coño que vaina tan típica. En cada rincón de esta CeP, cuando nace alguien, todo parece cortado por la misma tijera. Y con este post queda perfectamente demostrado que lo que esta desangrando a este pedacito de tierra no es el color político, aunque muchos se agarren de eso para justificar o explicar ciertas desgracias.
    Como lo dije antes, tenemos que comenzar desde adentro, tenemos que comenzar a ser mas “gente”, ver primero nuestros defectos antes de criticar los del vecino. Así, sólo así, saldremos algún día del pantano en que vivimos.
    (Este post me dá tantas ganas de llorar como el de la muerte, irónico?)
    Saludos…

  2. 2 Juan 29 agosto, 2007 en 5:08 pm

    Me reí demasiado con este articulo. Y es que lo variopinto y chabacano del venezolano no tiene limites. Al autor: si quieres ojeate mi altar (blog), tenemos una tónica bastante parecida. Te incluiré en mis recomendaciones. Saludos.

  3. 3 gj 29 agosto, 2007 en 8:38 pm

    El problema principal es que el venezolano no entiende en donde terminan sus derechos y empiezan los derechos de los demás…
    Por eso es que no vamos a progresar, mientras de cualquier pretexto formemos un relajo y una fiesta, que no digo que no tengan derecho a estar felices, pero estando en una institución como una clínica u hospital, no es el lugar ni el momento apropiado para eso…
    Si quieren en verdad celebrar apenas comience a respirar el niño, pongan a la mujer a parir como antes, con parteras en su casa, para que así no me tenga que calar sus gritos… CeP…

  4. 4 Perico bembón 30 agosto, 2007 en 12:58 pm

    epa, repito, caballeros con la caña NO se metan

  5. 5 OtrEbOr 30 agosto, 2007 en 3:46 pm

    Tranquilos compatriotas que con el cambio de hora… si es verdad que vamos a salir del foso!!! CeP–> Caga e’Parto! ;-)

    P.D. Alguien puede dar una explicacion “CeP” al cambio de hora???

  6. 6 Chaborro 30 agosto, 2007 en 5:01 pm

    Enterense, en la Clinica Ávila, una clinica carisima de Caracas, el chaborrismo de celebrar con curda los nacimientos es aprovechado por sus dueños que han puesto habitaciones VIP para partos donde hay un bar y cañadonga para los visitantes, familiares y demas. Lo se, porque un pana me lo comento al ir al nacimiento del hijo de su jefe.

    Como diria mi Abuela: “El rancho es mental”.

  7. 7 Mika 31 agosto, 2007 en 9:59 am

    El niño recién nascido termina siendo el menos agasajado y más castigado … CeP

  8. 8 fernando 31 agosto, 2007 en 11:34 am

    Saludos, pasa por mi blog , tienes un premio


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