La crisis del tomate en Argentina

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Al conductor del taxi, lo pude ver a través del reflejo de su espejo retrovisor, se le descompuso el rostro y era normal: para el sano juicio de cualquier persona resulta muy difícil de creer ese cuento que podemos relatar ahora todos los venezolanos, gracias a las políticas económicas de nuestro actual gobierno.

– ¿Pero cómo no se va a conseguir leche en el mercado? ¿Y cómo hacen con los nenes?

– Pues sabrá, mi estimado señor, que ahora en Venezuela las madres son capaces de irse a las manos con tal de comprarle leche a sus nenes.

El cuento de la leche lo pude contar al menos una docena de veces a la misma cantidad de gente, personas trabajadoras, hombres y mujeres, ricos y pobres, de derecha y de izquierda, militaristas, peronistas, socialistas… Todos, pero TODOS por igual desdibujaban en primer término su cara, en una expresión de incredulidad, para terminar luego de escuchar tres o cuatro frases mías -no por ser yo un encantador de serpiente sino por el peso inevitable de la verdad- convencidos de que la Venezuela que llega a los noticieros de la Argentina no tiene nada que ver con la Venezuela que vivimos desde adentro y día a día los venezolanos.*

No me llamó tanto la atención la reacción primera de ese taxista como lo que siguió a continuación: en un toma y dame de desgracias y desventuras políticas, haciendo énfasis él de los cagaepaisismos argentinos y yo de los de Venezuela, llegamos a un punto de la conversación en el que le tocó al taxista el derecho de palabra y me mencionó el reciente caso de la crisis del tomate.

– ¿Qué fue lo que pasó con el tomate?

– Bueno, que de un día para otro le aumentaron el precio de tres pesos el kilo a 15 pesos por kilo.

– ¡Pero eso es brutal!

– ¡No! Brutal fue lo que hizo la gente… sencillamente no se lo compró más el tomate. Nadie, ni la señora de la casa ni el dueño del restaurant. Vos ibas a una pizzería y pedías una pizza con tomate y jamón y el mesero te decía: “sí, te la traigo pero no con tomate porque no tenemos tomate.”

En ese momento era yo el que tenía la expresión de incredulidad. ¿Un país entero sin comprar tomate?

– Pero que te digo que nadie compró tomate… ¿Qué pasó? ¡Que se pudrió por toneladas! ¡Los productores no sabían que hacer con tanto tomate porque simplemente no tenía salida!

El taxista dio el cuento por concluído, pero a mí me hacía falta un final.

– ¿Y entonces? ¿Qué pasó?

– ¿Cómo que qué pasó? ¡Andá al almacen! vas a ver el kilo de tomate a tres pesos…

******************************** 

La población en cualquier país es capaz de organizarse para lograr cosas como lo del precio del tomate. Cualquier país, digo, con consciencia social, con madurez, cualquier país comprometido con el bienestar colectivo. No como Venezuela:

– En Venezuela una lata de Red Bull cuesta 12 mil bolívares. El litro vendría a costar poco menos de 36 mil bolívares, precio que es 350 veces más caro que el de un litro de gasolina. El Red Bull no es esencial para la vida de nadie y está realmente caro, y sin embargo veo que se sigue vendiendo como pan caliente.

– En Venezuela una botella de Whisky 12 años cuesta cerca de 100 dólares, lo mismo que en otros países cuesta una botella de escocés de 18 años, quizás hasta de 21. Un precio exorbitante, sobre todo si tomamos en consideración que hace menos de dos meses costaba poco más de la mitad. Estoy seguro de que las ventas de esa bebida han disminuído dramáticamente, lo lamentable es que, con ese precio, el consumo no haya disminuído a cero.

– En Venezuela hay gente que ha comprado, en medio de esta escasez, el litro de leche a 25 mil bolívares. Muchos argumentarán que la leche es fundamental en la dieta de los niños, yo les compro el punto siempre y cuando se trate de leche completa, pues esa es la que necesitan los niños. Y sin embargo se venden litros de leche descremada a 25 mil bolívares el litro… para el cafecito con leche o el cerealito en la mañana de adultos, que no se mueren si no toman leche.

Ciertamente cada quien es libre de gastar su presupuesto en la manera que mejor crea conveniente, cada quien es dueño de sus gustos y de la manera que buscará para satisfacerlos. Pero tampoco se puede ser tan egoísta. Hay que darse cuenta de que detrás de una botella de whisky de más de 200 mil bolívares no sólo hay un gran impuesto, sino una empresa obteniendo una enorme ganancia; tras un litro de leche a 25 mil no sólo hay escasez, sino la mala intención de un hijo de puta que se aprovecha de esa situación de escasez; en un iPhone desbloqueado a 4 millones y medio no sólo hay astucia y visión de negocio, hay un chupa sangre que le ve a todo aquel que paga esos reales una cara de güevón de aquí a Pekín. No existe perdón alguno para aquellos que organizan un espectáculo y cobran más de 800 mil bolívares por una sección VIP ubicada a 200 metros de la tarima donde toca Soda Stereo, pero tampoco existe justificación -por lo menos según mi juicio muy peculiar- en pagar tanta plata para ver al famoso trío sureño… Ni siquiera los argentinos pagarían tanto dinero para verlos.

Argentina ha pasado por crisis económicas que nosotros los venezolanos ni siquiera podríamos imaginar. Debe ser por eso que ellos son capaces de dejar de comprar tomate y nosotros no podemos dejar de comprar Red Bull, aunque nos cueste 12 mil bolos.

Reflexionemos sobre cómo usamos nuestros recursos. El dinero es un recurso como cualquier otro: no por tenerlo en abundancia vamos a derrocharlo. Administremos nuestro dinero, hagámonos partícipes responsablemente de nuestras problemáticas sociales, no esperemos a que el gobierno salga con soluciones que sabemos ya que no van a funcionar, no dejemos que los oportunistas nos arranquen el dinero que hemos obtenido a través de nuestro trabajo.

* Sí, esta frase va dirigida a todos aquellos que han venido a este blog a decirnos que somos unos imperialistas jalabola, pitiyanquis, fascistas y sifrinos que seguro vivimos en Tampa, Houston o Weston.

7 Responses to “La crisis del tomate en Argentina”


  1. 2 Felixmen 12 diciembre, 2007 en 12:29 pm

    Que gran Cagá e País somos.
    En los locales nocturnos se seguirá vendiendo Vodka con RedBull, las “mamirruquis” seguiran comprando leche descremada para no engordar, JA!, los bebedores seguirán comprando güisky, seguiremos pagando las secciones VIP de los conciertos, se seguirán desbloqueando iPhones para una banda de estúpidos que tienen que comprar cuanta vaina sale al mercado sólo para darse “status” JA!, seguiremos siendo un bodrio de país, seguiremos celebrando una victoria (del NO) a la que hay que ver con lupa, seguiremos creyéndole a cualquier impbécil que, aparentemente, se le voltee al régimen (caso Baduel), seguiremos creyendo que el engendro se va a ir en el 2013 sin patalear, seguiremos siendo una gran tribu de idiotas sin conciencia social.
    Cada vez más, seguiremos siendo una cagá e país.

  2. 3 gj 12 diciembre, 2007 en 11:32 pm

    Coño felixmen, está vez te apoyo ciento por ciento en eso de que somos un pueblo sin cultura que nos gusta tener cuanta poquería se atraviesa a nuestro paso, y más que cagá e país, digo yo, cagá e gente que vive en este país y hace que siga siendo así…

  3. 4 biodivercity 14 diciembre, 2007 en 9:47 am

    De pana que si, lo de la leche completa es fundamental para los chamos. Para los adultos, en especial las féminas hay complementos de calcio por aquello de la osteoporosis. En lugar de whisky podríamos darle de nuevo al ron, que cualquier musiú que llega a Venezuela lo único que quiere es beber y llevarse el mejor ron del mundo!!. Te faltó hablar del papel higiénico!!!! allí la vaina es delicada porque se trata del culo de uno, verdad? tendremos que acostumbrarlo a otras texturas menos amables!!!!

  4. 5 Duendecilla 14 diciembre, 2007 en 7:34 pm

    Ya se me acabó el optimismo, somos una gran MIERDA, y por eso, tenemos lo que tenemos.

    Estoy de malas, andar por la vida búscandole el lado bueno a las cosas, ya no me funciona.

    Sí, somos una gran cagá e país, ¡yupie!.

    No digo más.

  5. 6 Duendecilla 14 diciembre, 2007 en 7:38 pm

    Me disculpo, no suelo ser así. No debo perder los estribos, si se me acaba la fe, ¿qué carajo me queda?.

    Un mal día lo tiene cualquiera.

    Saludos chicos, ando con el ánimo rayando el subsuelo.

  6. 7 Esta pana 18 diciembre, 2007 en 9:58 pm

    Y no aprendemos… porque no fue hace mucho, cuando el paro, las absurdas colas kilométricas para poner la gasolina importada y para pagar carísima la Cola KR… seguimos igualitos… ¡bah!


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