El Numerario

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No importa qué tan temprano se levante en la mañana para llegar de primero a hacer esa cola de oficina pública: el Numerario habrá llegado siempre antes que usted. Algunos dicen que reside en el mismísimo edificio, quienes han llegado al edificio antes incluso de desplegar el alba lo han visto abrir la puerta de la dependencia pública, taburete y periódico en mano, para preparar el escenario que será en las próximas horas testigo del histrionismo de tan patriótico personaje.

Su anciana y agotada madre lo ve con orgullo, nos dicen quienes la conocen, pues es el vivo reflejo de su difunto marido que también fue un importante funcionario al servicio de la nación. Le dice orgullosa a sus vecinas del barrio: “sí, mi hijo trabaja en el Ministerio, es un Numerario”, y ese nombre, la verdad sea dicha, suena bonito de aquí a Beijing, como venido de algún imperio importante de la antigüedad: el Romano, el Carolingio, el Merovingio… Pero la otra verdad, que también debe ser dicha, es que el hijo sólo le ha dicho eso, que es un Numerario, aprovechándose de la altisonancia cuasi helénica del sustantivo, y jamás ha explicado que su función en el aparato gubernamental se limita a la repartición de unos numeritos impresos sobre una cartulina azul plastificada -los bordes entre mordidos, doblados e inexistentes- que servirán a los simples mortales de esta bolivariana república para conocer cuánto tiempo tendrán que perder de sus miserables mañanas para poder pasar en el turno que corresponde a la numeración del ya mencionado cartoncito.

La labor del Numerario se divide en dos fases únicas, la primera es la repartición de cartoncitos, función ésta que desempeña en no más de cinco minutos pues espera que haya bastante cola para repartir todos de una sola vez. Calcula siempre que el número de individuos esperando sea mayor al de cartoncitos, para así tener el gustoso placer de decirle a unos cuantos que ya no hay más números por el día de hoy.

La segunda fase de la labor numeraria es la supervisión del turno, que consiste en sentarse en el taburetico a leer Meridiano, Líder, Gaceta Hípica o cualquier otra publicación del género, mientras va anunciando al poseedor del próximo cartoncito azul que finalmente ha llegado su turno.

Realmente el Numerario no está allí para facilitar la vida de los asistentes a la oficina pública, todo lo contrario, se encarga de hacer de la espera un calvario. Nadie puede ausentarse de la cola, nadie guardarle el puesto al otro, imposible desalinear la fila. Si algún osado interrumpe su lectura para hacer una pregunta del tipo “cuánto falta para pasar” o “a qué hora cree usted que saldremos de esto” se encargará de responderle, con toda la actitud despótica que la ocasión merece, que eso nadie lo sabe ni lo sabrá nunca y de remate lo mandará, con gesto y hablar violentos, a volver a su puesto en la cola. Es en esos momentos en los que el Numerario recuerda su importancia como parte de la burocracia gubernamental, esa misma importancia que destaca el Ministro año tras año en el único encuentro que tienen: un apretón de manos, una palmada en el hombro y posterior entrega de un jamón planchado.

El Numerario es un individuo implacable, el terror de la cola, el vengador del empleado público, maestro de los dominios ministeriales. Su imperial investidura de funcionario durará hasta el fin de cada jornada laboral, cuando se dirigirá al Mercal más cercano a su casa a tomar un número y esperar a que le llegue su turno para retirar un kilo de leche en polvo.  Confía en que esta vez sí agarrará al Numerario del Mercal medio desprevenido y le dará chance de pasar directo con la morenita tetona que vende la leche, sin necesidad de agarrar el cartoncito ni hacer la cola. Sin embargo, sabe que el Numerario del Mercal es un lince, y por eso va repitiendo en el camino la letanía, implorante: “ojalá no haya mucha cola…”

8 Responses to “El Numerario”


  1. 1 Jeanfreddy 10 enero, 2008 a las 7:39 pm

    ¿Dónde andarán los numerarios de la ONIDEX? No es por echarte para atrás la cosa, pero algo habrán que haber hecho con esos, caballeros.

  2. 2 canachin 11 enero, 2008 a las 1:21 pm

    Jeanfreddy, los Numerarios de la ONIDEX son tipos evolucionados: ya no reparten los cartoncitos con el número impreso, ellos sólo van “arreando los borregos” que van alineados y caminando al mismo ritmo y en la misma dirección hacia el despacho de Identificación. Bolígrafo en mano, con aires de profesor numerario -cabe acá perfectamente la denominación- van revisando y rayando las cuatro planillas que cada solicitante de pasaporte debe llevar impresas. Con tono displicente te exige que pegues las fotos carnet a cada planilla. Con cara de culo y voz de todavía más culo dice que finalmente pasen al despacho cinco, diez o quince más. Con tono de placer morboso repite unas cincuenta veces por mañana que los pasaportes listos se retiran sólo después de la 1:30 pm.

    Sí, algo hicieron con los Numerarios de la ONIDEX: les quitaron la función del numerito pero los multiplicaron por cuatro.

    Gracias por el comentario, sabes que siempre eres bienvenido en esta Cagá e blog.

  3. 3 gj 12 enero, 2008 a las 12:25 am

    Sabes para que si deberian dar un número y haría la cola hasta que pasaran 4 mil años… Para darle asi fuera un lepe a cualquiera de los que gobiernan en este país, bien sean gobernadores, alcaldes, consejales, consejos comunales, ministros, dueños de mercal, defensoria del puesto, presidente, embajadores de nuestra republica, en fin, tantas personas que haría una cola por cada uno de ellos para zamparles un buen carajazo, pero bien dado…

  4. 4 Calíope(ex-duendecilla) 13 enero, 2008 a las 12:36 pm

    Una muestra más de la fauna burocrática que vive en esta país. Sigo leyéndolos muchachos, lo que me falta es el tiempo, pero los sigo leyendo, aunque rara vez comente.

    Un abrazo a los dos, feliz año y navidad, con bastante atraso.

  5. 5 Felixmen 15 enero, 2008 a las 2:35 pm

    Espero mi turno para opinar…

  6. 6 vigo57 16 enero, 2008 a las 12:12 pm

    Le queda grande el título, para lo insignificante que es. El título de Numerario es como sacado de una novela u obra. Pero lo más triste es que esta novela con todos sus personajes (El Numerario, El Doctor de ministerios- sin ser doctor-, el Distiguido, el “wachiman”, entre otros) son extractos de la vida real, de la cual no podemos escapar, porque así es esta caga e’ país, una nación de novela… pero de novela mala.

    v.


  1. 1 La Reportera « Trackback en 15 enero, 2008 a las 3:07 pm
  2. 2 Que nadie me robe mi mercado, ni mi cédula « Trackback en 27 enero, 2009 a las 7:05 pm

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