Paul, el australiano

Paul llegó de Australia a principios de abril. Pensó que Antonio lo buscaría en el aeropuerto pero no fue así: esperó un buen rato y vio como uno a uno los pasajeros de su vuelo fueron abandonando los pasillos de Maiquetía.

Viendo que nadie estaba allí para recibirlo decidió pedir un taxi. Inocentemente tomó la decisión de compartir el carro con otras dos personas; más inocentemente aún les preguntó a cada uno de sus acompañantes, ya con el auto en marcha y con ese español con acento marcadamente extranjero, si alguno de ellos tenía intenciones de atracarlo:

– ¿Tú me va a robar? – dijo volteando a su derecha -¿Tú me va a robar?- repitió, esta vez girando a su izquierda.

Suponemos que por insistencia del mismo Paul de no dilapidar rápidamente su presupuesto de viaje, el taxista lo dejó en un hotelucho de mala muerte de La Guaira. La ocupación variaba según las horas, él era el único en pasar uno, dos, tres días enteros en el sitio de hospedaje. Paul nunca se preguntó el porqué, tampoco se extraño por los jadeos y gritos de placer que escuchaba a través de las paredes. Tampoco juzgó a la gente que entraba y salía: simplemente no tenía un patrón de comparación, era su primera vez en Venezuela en 18 años.

Anduvo caminando por La Guaira y preguntando en su mediano español a todo el que se le atravesaba si conocía a Antonio. Antonio Manríquez. ¿Qué podía saber Paul? Conoció a Antonio surfeando en alguna de las playas del Litoral Central, lo lógico, en su lógica foránea, era que por allí alguien lo conociera. Caminó y preguntó, tomó taxis y autobuses, al sol de hoy todos nos preguntamos cómo hizo para permanecer ileso y no haber sufrido ninguna contrariedad en esos tres días que vagó por Vargas.

Y sí, fue al tercer día, como en la Biblia, cuando Antonio resucitó, o por lo menos cuando resucitó para Paul: entró en una tienda de surf de un centro comercial en Caraballeda y allí conocían a Antonio. De hecho, llevaron a Paul a casa de los padres de Antonio, muy cercana al centro comercial. La buena fortuna del extranjero no podía ser mayor: los viejos iban saliendo a Caracas a visitar a su hijo.

Así, al rato, ya Paul estaba en caracas en casa de Antonio, narrando esta primera e increíble parte de su periplo venezolano. Sólo la primera parte.

Con Antonio, Paul viajó a Margarita y asistió a exclusivas fiestas, se hospedó en casas de familias pudientes, visitó hermosas playas en las que bebió hasta la borrachera. Comió empanadas en Conejeros al igual que filetes de mero en algún restaurante de Pampatar. Cuando Antonio tuvo que regresarse a Caracas Paul decidió quedarse un poco más en la isla, y así lo hizo.

Al regresar a Caracas las cosas siguieron la misma tónica. Enormes fiestas en La Esmeralda, tragos en el San ignacio, tragos con vista de la capital en 360°, tragos sin vista alguna en El Patio. Pero no todo fue placer: los amigos de Paul hallaron la manera de que el australiano fuerse medianamente útil para la sociedad, haciendo un trabajito aquí y otro allá, rebuscándose, ganándose unos churupitos que le dieran para sus gustos.

El fin de esta historia no es triste ni oscuro ni bizarro. O por lo menos no lo es ese fin que conocemos hasta ahora. Paul decidió quedarse a vivir en Venezuela. Próximamente tendrá que regularizar su situación para cambiar su status de turista, deberá conseguir un permiso de trabajo. Paul está seguro que acá le irá bien.

Si algún día llegan a conocer a Paul podrán preguntarle las razones que le hicieron tomar la decisión de quedarse. El tipo simplemente quedó fascinado con cómo funcionan las cosas acá: le asombró cómo de noche todo el mundo pasa los semáforos con la luz roja; cómo la gente en el tráfico toca la corneta desesperadamente. Emocionado, prácticamente conmovido, ve cada vez que hay una cola en la autopista cómo hay gente que circula por el hombrillo, ¿cómo es que nunca lo hizo él cuando vivía del otro lado del mundo? En medio de la Francisco Fajardo, recuerda un lunes a las 6:15 de la tarde cómo en Sydney nunca nadie circula por el hombrillo, ni siquiera en los peores día de tráfico.

Paul se obstinó de su país porque todo parece funcionar demasiado bien. Todo está regulado, todo está medido, todo está tasado. Para comprar una casa hay que seguir un procedimiento, para sacar un papel existen procesos inamovibles, para los que no cumplen existen castigos ejemplares. Pensándolo así me digo a mí mismo: si yo fuese Paul también hubiese quedado prendado de este país.

Paul llegó a Venezuela y la buena fortuna lo acompañó desde el momento en el que recogió su equipaje en la correa número cinco del terminal internacional de Maiquetía: su maleta fue la primera en salir. Los que lo conocemos sólo esperamos que la buena estrella lo siga acompañando, porque, a pesar de las muchas advertencias que se le han hecho, ninguno de nosotros ha sido capaz de decirle que el país que él ha visto no termina de ser la verdadera Venezuela.

21 Responses to “Paul, el australiano”


  1. 1 Celeste124 15 julio, 2008 a las 12:20 pm

    Hola,
    Pero ¿y esta historia es verdadera? Sí, porque parece como un cuento de hadas que un turista tenga tanta buena suerte.
    Saludos

  2. 3 Juan José Vélez 15 julio, 2008 a las 4:12 pm

    Tambien con la buena fortuna los disparos que escuchaba no eran disparos sino “fuegos artificiales”????

  3. 4 CM 15 julio, 2008 a las 5:09 pm

    Asi como habemos algunos que odiamos nuestro pais, habran otros que odian el suyo. Uno muy lamentablemente no escoge el lugar en donde nace. Pero si puede escoger el lugar en donde vivir.
    Yo particularmente creo que esta pana esta loco de bolas,vivirse a vivir a esta mierda.
    Pero cada loco con su tema,no?

  4. 5 Mina 16 julio, 2008 a las 1:07 pm

    Dile al que te envió eso que luego quiero que me cuente una de vaqueros.

  5. 6 gj 17 julio, 2008 a las 8:55 am

    Pienso que paul es un venezolano que nació en un lugar con privilegios (australia), porque yo nací aqui y sin embargo, no es la forma en como me criaron y me enseñaron a hacer las cosas… Quizás sea su cultura de surfista lo que lo hace ser tan radical y liberal como para gustarle esta tierra para vivir, que le vaya bien le deseo, y que cuando se dé cuenta de la venezuela que todos conocemos, no sea demasiado tarde para él…

  6. 7 Guatuzy 17 julio, 2008 a las 10:46 am

    Hay quienes les gusta vivir en paises organizados y otros les gusta la organizacion.

  7. 8 Pablo 17 julio, 2008 a las 2:12 pm

    Podria tratarse de unos de esos hippies o progres aburridos en el primer mundo que vienen a cagaepaises como este a “vivir aventuras”. Unos manu chaos del monton. Tambien puede tratarse de izquierdosos fracasados que vienen a ser mantenidos por el gobierno del Gorila Chavez y este gobierno como le encanta un musiu acomplejado que lo defienda, entonces son bien recibidos.

    Si hay gringos locos que se han ido a vivir a Afganistan, convertido al Islam y metido a mujadines de Al Quaeda, porque no alguno se vendria para este purgatorio dickesiano llamado Venezuela?

  8. 9 guatuzy 17 julio, 2008 a las 4:05 pm

    Piensen por un momento si este carajo que se quedo en venezuela esta verdaderamente ayudando a que esta cagada e pais progrese? pura paja! ese viene a contribuir mas con el caos imperante en la mierda esta. Verga un carajo asi no ayuda, sera uno mas del monto que contribuira a que esta mierda no progrese. Ya me lo imagino con un carnet de PSUV y estacionando su carro en la calzada de lo mas gran carajo. La historieta suena asi como muy sutil cuando en realidad ese carajo es otro cagada de foreigner que se viene a quedar en esta mierda y a no contribuir en nada a que este mojon de pais que tenemos se discipline.

  9. 10 Maru 21 julio, 2008 a las 11:42 am

    Hola, vengo de donde Euchy y me sorprende la historia de Paul… esa está como la de mi amiga de St Louis que quedó ENCANTADISIMA con esas casitas rojas, tan cute, con cortinitas de florecitas y piso de tierra que parecen las que se guindan en las paredes… y quería subir por las escaleras de La Charneca a hacer fotos. Por supuesto que se fue de Caracas sin hacerlas… qué locura, no? Mientras que otros estamos comiéndonos las verdes mientras llegan las maduras en el país al que decidimos mudarnos precisamente huyendo de lo que a Paul le encantó… Que ironías tiene la vida.
    Nos seguimos leyendo,
    *maru

  10. 11 nomejorobes 21 julio, 2008 a las 1:18 pm

    Conozco un par de casos semejantes: puro exotismo! Venezuela les parece folklórica, exótica, salvaje y primitiva… realismo mágico del bueno. Así se quedan porque les parece excitante vivir una aventura sudamericana. Por lo general tienen la suerte de los inocentes: se meten en barrios espeluznantes y no les pasa nada; toman fotos en medio del bulevar de Sabana Grande y no les roban la cámara; se atreven a sacar la plata de la cartera rodeados de buhoneros y nadie se da cuenta. Dicen que Dios protege a los inocentes. Quizás sea cierto… Pero eso sí, si llegan a tener hijos agarran sus macundales y se largan rápidito con la excusa de presentar el chamo a los padres que están allá en la Europa aburrida y organizada…

  11. 12 Bob Sacamano 21 julio, 2008 a las 2:59 pm

    Hay algo que no me queda en claro (que no se si agrega o no, realmente), Paul ya habia estado en Venezuela? Es venezolano y se fue del país hace muchos años?

  12. 13 IVAN 21 julio, 2008 a las 3:28 pm

    Pues a mi me gusta mi país, y Paul no está aquí por ver cómo la gente se mete por el hombrillo.. Es por las personas, por el clima, por todo lo que hace que estemos viviendo aquí aunque estemos quejándonos de todo…

    Los gobiernos pasan, pero la raíz de la sociedad ha permanecido, permanece, y permanecerá intacta.

  13. 14 Celeste124 22 julio, 2008 a las 2:19 pm

    Si la historia es cierta creo que nomejorobes tiene razón, sobre todo en la parte donde sostiene que “Pero eso sí, si llegan a tener hijos agarran sus macundales y se largan rápidito con la excusa de presentar el chamo a los padres que están allá en la Europa aburrida y organizada…”

    Saludos.

  14. 15 CM 22 julio, 2008 a las 2:55 pm

    Como dicen arriba: “Los gobiernos pasan, pero la raíz de la sociedad ha permanecido, permanece, y permanecerá intacta”
    Esta es la verdadera razon de esta cagaepais, no el gobierno

  15. 16 xD 28 julio, 2008 a las 4:12 pm

    De verdad me da lastima como hablan de su pais, ojala y algunnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn dia no sera hoy ni mañana pero algunnnnnnnnnnnnnn dia viviremos un poco mejor de lo que ahora vivimos no soy chavista… 100% opositor pero si no les gusta venezuela larguense pa otro lado cuerdas de mmgvs que aqui nosotros vemos que hacmeos con esta mierda e gobierno y con este GRANDIOSO PAIS!! bye Apatridos

  16. 17 Juancho 30 julio, 2008 a las 10:22 am

    Conozco a una sueca que vino a practicar el español que allá estudiaba. Lo primero que aprendió aquí fue a decir guevón para todo y después marico, que se lo ponía al final de cada frase aprendida en Estocolmo. Era una catirita linda y buenaza a la que al siguiente fin de semana invitaron a la playa y cuando la fueron a buscar, los tipos y tipas estaban cada uno con una cerveza en la mano. La catira se horrorizó: en su país el castigo es grande. Pero se fue, pasearon por el hombrillo, regresaron borrachos, hicieron disparos al aire (uno de los tipos era policía y otro malandro). Le gustó la vaina, el desorden. Le pareció increible que los motorizados brotan en cualquier sentido y por cualquier parte, así como el vacilón de los semáforos. ¿A quien no le va a gustar este relajo, decía? Aquí no hay ley. Terminó su práctica de español y se fue. Pero regresó y ahora vive en Antímano, se empató con un mototaxista y tiene un puesto informal de telefonía. Guevón, me dijo, no regresaré a Estocolmo, marico. Quiero que mi hermanita se venga también a practicar español. Es verdad. El relajo encoña y no podemos imaginar a este país que las vainas funcionen. ¿Te imaginas ese peo? Sería horrible. De pana que si.

  17. 18 Angie 1 agosto, 2008 a las 10:42 am

    Todo es cuestión de costumbre e inconformidad…

  18. 19 Lion 6 agosto, 2008 a las 6:48 pm

    Venezuela es de pinga si te levantas de tu cama a las 4 pm, la servidumbre te tiene el “desayuno” y tu esfuerzo maximo es dirigirte al club (para ese lado nunca hay cola) a jugar tenis, luego libas y engulles exquisiteces con tus panitas y no entiendes de que se quejan los que tienen prole que alimentar (proletarios), en fin el australiano no tiene mayor responsabilidad en la vida que sus mugrientas alpargatas y version surrealista esta CeP le pinta como un Flux Giorgio Armani

  19. 20 El pay tuyo 8 agosto, 2008 a las 9:06 pm

    Si, si, todo muy bonito y muy idilico, a los extranjeros siempre les pasa lo mismo cuando llegan al pais de las maravillas……Hasta que se enferman y van a un hospital publico o van a una clinica privada… o cuando tienen que hacer cualquier tramite y deben “engrasar” a varios funcionarios para que la diligencia se haga… o cuando llevas 2 horas en una cola y viene un guapo y apoyao y se les colea adelante y nadie dice ná…o cuando la policia los matraquea o cuando los matraquea y/o roba y/o viola y/o mata…. siempre muy idilico hasta que chocan con la realidad, entonces compran su pasaje y regresan a su infierno donde las cosas si funcionan como debe ser.

  20. 21 german 21 agosto, 2008 a las 1:28 pm

    si desde que llegas no sales de un viaje y una rumba, cualquiera se queda.
    el que tiene billete y no hace nada le va bien en todos lados. ojala no le toque lo que nos toca a todos lo que no tenemos para esos lujos


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