Amargura, tristesse y disociación (II)

Ya lo mencionó mi compañero Pedroso hace algunos meses: hay frases recurrentes que no resisten ninguna lógica o análisis concienzudo: frases del tipo “aquí, jodido pero en Caracas” o “Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra”. Sin embargo seguimos viendo y escuchando gente que no solo dicen esas frases, sino que las dicen con la convicción y el orgullo del que se sabe en una ciudad espectacular.

Dostoievski mostró irritación hacia la actitud que tienen los ginebrinos con respecto a su ciudad; no entendía cómo era posible que se sintieran tan orgullosos de su terruño. “Miran las cosas más simples, hasta los postes de la calle, como si fueran lo más hermoso y extraordinario”. La cosa es que Dostoievski era, ante todo, muy ruso y, para colmo, antioccidentalista. No sé si Ginebra es una ciudad tan espectacular -no he tenido oportunidad de visitar Suiza- como parece serlo para sus propios habitantes, pero estoy seguro que es una ciudad en la que impera el orden, la limpieza y la tolerancia, y ciertamente no debe carecer de cierto encanto y belleza.

En la primera parte de este escrito hice referencia al libro “Estambul” de Ohran Pamuk. El premio Nóbel de literatura sostiene que en su ciudad natal reina un sentimiento de amargura del cual los mismos estambulíes se sienten orgullosos. No es un orgullo evidente, no es que la gente va por la calle diciendo: “Estambul es una ciudad llena de amargura y a mí me gusta así”, ese orgullo se hace manifiesto en el día a día de esa ciudad, en el ir y venir de sus habitantes, en toda esa vibra de ciudad que Pamuk describe en un extensísimo y magistral párrafo que describe a Estambul y la hace sentir como nuestra. Por lo menos a mí me cautivó, de hecho, me hizo sentir en ciertos pasajes que no hablaba de lo que queda de Constantinopla, sino que más bien hablaba de Caracas.

¿Cómo es posible, entonces, que el caraqueño hable de su ciudad con frases que desbordan orgullo?

Los caraqueños ya no vivimos más en la amargura, con el “tumbao'” que nos caracteriza decidimos ser más arrechos que los ginebrinos y nos construimos un entorno amurallado. Los habitantes de esta ciudad vivimos en la eterna labor de ignorar lo que nos sucede al lado, al individuo que tenemos adelante, al que tenemos atrás, ignoramos la vía por la que andamos, el camino que pisamos, el aire que respiramos.

Vivimos ya en una perfecta armonía con un ambiente a todas luces hostil. Nos quejamos del tránsito insoportable de la ciudad pero estamos siempre planificando comprarnos un carro más grande, o peor, una camioneta. Nos acostumbramos a manejar en zig-zag porque las calles están llenas de huecos, hasta que de pronto la alcaldía se decide a mejorar las calles, rompe la vía, la deja raspada y con los restos del asfalto arrimados hacia un lado, y así pueden permanecer por semanas, incluso meses, y esos que se compraron las camionetas pasan por esos tramos haciendo gala de las características de todo terreno de sus vehículos, haciendo saltar los restos de asfaltos a los carros que circulan cerca, empeorando el estado de la vía ya rota, creando troneras en donde parecía que ya no podían existir más. Pasan indiscriminadamente camiones de carga pesada por esa misma calle rota y por las recién reparadas hasta romperlas nuevamente, hasta volver a llenarlas de huecos o de más huecos; camiones que están yendo y viniendo de una construcción no de un edificio ni de un conjunto residencial, sino de una urbanización entera, pasan una y otra vez, día tras día , volviendo mierda la calle hasta que los promotores del proyecto “mejoran” las vías de acceso a la nueva urbabnización, y por mejorar se entiende que abren cuatro canales donde antes había dos, 500 metros antes y otros 500 metros más después de la entrada del nuevo complejo residencial, para después caer en la misma vía de dos canales que existía antes. Muestran sus agallas los promotores de la nueva urbanización, vendiendo en planos un apartamento de 50 metros a tarifas de la talla del Upper West Side niuyorquino, ofrecen acabados de lujo que terminan siendo obra limpia, gimnasios que terminan siendo inmensos salones vacíos, áreas verdes que terminan siendo una nueva torre de apartamentos, vigilancia que terminan siendo una cuerda de coñoemadres que se cuadran con la policía y los malandros para robar en esa nueva y exclusiva urbanización como roban en cualquier otra parte de la ciudad.

Pero eso no es lo peor de Caracas. Esta es una ciudad en la que no se hacen vías, pero cada vez hay carros más arrechos en la calle. En la que te montas en el transporte público y das las gracias cuando fuiste el único al que el malandro no le robó el celular. Una ciudad en la que lo de pinga es circular por el hombrillo, colearse en cualquier cola que se haga, hablar más fuerte que el de al lado, hacer más bulla que los vecinos, robarse vainas del supermercado, conseguir una palanca para cualquier cosa, tocar corneta cuando el de adelante se para porque el semáforo está en rojo, cagarse de la risa de la gente que maneja en la autopista después de haberle quitado los reales y el reloj, echarle ocho plomazos al güevón que se reviró y no quiso entregar su camioneta por las buenas, que los policías te matraqueen o en la que el ciudadano le da plata al paco en vez de pagar su multa; esta es una ciudad en la que el silencio y la tolerancia son muestras de debilidad, en la que el respeto y el espíritu de ayuda cedieron su lugar al atropello y la ignorancia; una ciudad en la que un edificio hiperlujoso colinda con un basurero, un centro comercial exclusivo tiene un peligroso barrio al lado, una ciudad llena de Hummers, BMWs, Mercedes, camionetas 4×4, relojes Bvlgari, Technomarine, Rolex, Blackberries, Nokias de 2 millones de bolívares, iPhones, chemises Lacoste, Ralph Lauren, joyas H.S. Stern, Tiffany, carteras Versace, Carolina Herrera, Louis Vuitton, lentes Prada, Ray-Ban, Oakley… Una ciudad que ostenta, exhibe, alardea pero en la que hasta las señales de tránsito tienen errores ortográficos, una ciudad sucia, peligrosa, agreste, inculta, pero sobre todo, una ciudad engañada, o llena de gente engañada.

Así es la estructura mental de los caraqueños, ese es su muro. Pero ese muro es ya como la segunda parte de “The Wall”, cuando la pared fue derribada “brick by brick” y lo que viene es la disociación de Pink. Los caraqueños, como Pink, vivimos “Comfortably Numb”, con gríngolas que nos impiden ver la realidad que nos rodea. Disociados hasta el punto de decir frases como “jodido, pero en Caracas”.

9 Responses to “Amargura, tristesse y disociación (II)”


  1. 1 Leon1Rey 8 agosto, 2008 a las 9:36 pm

    Engañados y ciegos voluntarios. Si abrimos los ojos morimos, así que mejor seguirlos teniendo cerrados. Mejor seguir de rumba y jalar bastante caña. Y “como vaya viniendo, vamos viendo”

  2. 2 juanchofunk 9 agosto, 2008 a las 5:22 am

    Esto deja de ser un post. Esto es una Tesis.
    Tiene una investigación documental y una investigación que aunque sea empírica tiene conclusiones tocando lo científico.

    Pero esto no solo pasa por estas calles de Caracas, pudieramos hablar incluso no solo de Venezuela sino de America latina. Un día una escritora estaba por aqui por Tenerife, no quiero decir su nombre para no comprometerla en nada. Se vino para esta tierra porque no aguantaba tanto chovinismo en Chile.

    Si lo traducimos a Venezuela es lo mismo. El desordes que hay es lo mejor, es una supuesta libertad, las rumbas son mejores y se puede acceder a toda mierda gratis, porque vivimos jodiendonos en los demás.

    Por eso Venezuela es Depinga y nadie le para bolas.

    Excelente una vez mas. Un saludo.

  3. 3 oswaldo aiffil 11 agosto, 2008 a las 11:03 pm

    Excelente! Como para un documental porque para el que no vive en Venezuela no es lo mismo verlo a que te lo cuenten. Buenísimo también el comentario anterior que define nuestra conducta como conglomerado: “…como vaya viniendo, vamos viendo”. Saludos!

  4. 5 Daniel 16 agosto, 2008 a las 12:31 pm

    Analiza a los maracuchos!!!! que los caraqueños son niños a su lado!!!

  5. 6 Jean 1 septiembre, 2008 a las 6:37 pm

    por cierto, yo si conozco giebra y es en efecto ordenada , estuve de trabajo un par de semanas y despues de eso regrese que riendo más a Caracas, es más sucia y desordenada , pero mantiene ese “no se que” de gran ciudad en cambio Ginenbra , limpia ordenada y francofona sigue teniendo ese “noseque” de pueblito campesino.

    Con respecto al comentario de Chile, Santiago es lo que se puede definir como una ciudad inhospita.

    Los que conocen otros coninentes sabran decir que Caracas no es Dubai, pero tiene muchas cosas que mostrar (hasta mas que Dubai creo), aunque por cada una de ellas hayan diez QUE REQUIEREN DE NUESTRO ESFUERZO para que mejoren. Recuerden que una ciudad no es el concrteo y el asfalto, es la gente que vive dentro.

    y por cierto juanchofunk ¿te has puesto a pensar lo que dices: ¿que es eso de “tocando lo cientifico”? puedes observar alguna muestra de metodologia aqui?, o¿ puedes identificar alguna variable… o por lo menos alguna hipotesis y una conclusión? ¿son sus resultados medibles? ¿plantea algun modelo? o solamente refiere a sus percepciones en un momento de descargas frente al teclado, creo que se puede alabar la valentia en el post .. pero no mucho más

    y mientras sigo aqui: jodido, pero en Caracas.

    buen dia a todos

  6. 7 Guillermo 22 septiembre, 2008 a las 3:07 pm

    Wow, excelente. No que nos esté pasando esto, sino tu artículo. Excelente de verdad.

  7. 8 Felixmen 17 octubre, 2008 a las 2:26 pm

    Jean se volvió loco, se fumó la alfombra.
    Una vez yo mismo comenté por acá, una “gran” ciudad debe tener hospitales, bibliotecas, museos, boulevares, parques, servicios y transporte públicos, seguridad, autopistas y avenidas (dignas), etc.
    Por favor qué gran ciudad del coño va a ser Caracas? ah Jean? refútame eso y dime dónde estan los museos y los hospitales y todo lo que nombré. Santiago de Chile? No la conozco, pero invito a los lectores a que hagan un ejercicio, ingresen en Google en la sección de imágenes y miren las primeras 3 fotos de Santiago y las primeras 3 fotos de Caracas… Saquen sus conclusiones y tú también Jean, ah y refuta eso.

  8. 9 Jean Pierre Rupp 22 octubre, 2008 a las 6:43 am

    Por eso yo me mudé de Caracas a Ginebra, y ahora vivo de maravilla. Ya traje a mi novia, hija, hermana, gato, etc. Y sí, esta ciudad tiene un encanto especial.


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