“Feliz Navidad Sangrienta”

Históricamente hablando, la Navidad siempre ha sido un mes de mucha celebración y fiesta en Venezuela. Mediado el mes de noviembre, cuando algunas organizaciones -públicas y privadas por igual- pagan las utilidades del año a sus trabajadores, se registra un crecimiento más que notable en el gasto del individuo promedio: justa recompensa para el individuo que se ha esforzado durante todo un año, de sol a sol, sudando cada centavo, el depósito del aguinaldo viene a convertirse en el oasis revitalizador.

En un comportamiento desproporcionadamente compulsivo (que debe generar la más grande de las angustias marxistas al “dueño” de la primera magistratura bolivariana) la gente invade calles, centros comerciales, supermercados, bazares de ocasión, concesionarios automovilísticos, agencias de viajes, zonas de buhoneros o cualquier recinto donde “se pueda echar encima” los tres cobres de más o la engordada cuenta bancaria que nos brindan los últimos meses del año.

En Navidad los sentimientos y las circunstancias se maximizan: el individuo alegre se alegra más aún, el triste se entristece en demasía, el bonchón se encuentra en la mejor época para disfrutar jolgorio tras jolgorio y el pantallero se presta para exhibir más de lo que comúnmente exhibe. En Navidad el dorado refulge más, el cielo se torna más azul y, lamentablemente, el rojo se tiñe aún más de rojo.

El pasado mes de diciembre más de 500 personas fueron asesinadas en la ciudad de Caracas. Para darnos cuenta del dramatismo de esta situación podemos hacer un paralelismo con el actual conflicto en la Franja de Gaza que aterroriza a la Comunidad Mundial: en una ofensiva que ya supera las dos semanas, los bombardeos israelíes han dejado unas 870 bajas entre la población palestina, incluyendo uno que otro rebelde de Hamas. Estos nuevos enfrentamientos entre palestinos e israelíes se suman a toda una historia de violencia en la región que se inició desde la formación misma del estado de Israel.

Si las 870 muertes de este conflicto conmocionan a la comunidad mundial (incluido nuestro gobierno, que tomó la decisión de expulsar al embajador israelí en Venezuela),  los 510 asesinatos cometidos en Caracas en el mes de diciembre resultan excesivamente escandalosos para la Revolución bonita y el país entero: la cifra nos coloca, definitivamente, como un país en situación de conflicto.

Lo grave del asunto es el detonante de la violencia en nuestra ciudad, en nuestro país: no existen acá un origen religioso. El venezolano, otrora acostumbrado a “echarse palos” en una tasca con compañeros de distinto credo, opinión política o condición social, se encuentra ahora en medio de un enfrentamiento que lleva años en la olla y que llegó a punto de ebullición con la estrategia divisoria de nuestro maquiavélico presidente. Porque acá siempre hubo ricos y pobres; siempre hubo comunistas y liberales y conservadores; siempre hubo blancos, negros, indios y mestizos; acá desde hace mucho existe la viveza y el robo y la inseguridad; pero nunca habíamos atravesado por un escenario de enfrentamiento y violencia como el que surcamos ahora.

Basándose en cifras oficiales, la revista Foreign Policy coloca a Caracas en el tope de las 5 ciudades con mayor índice de homicidios en el mundo. Un total de 2.165 asesinatos fueron cometidos en la capital durante el año del plan Caracas Segura. Según las cifras proporcionadas por el mismo gobierno, 130 de cada 100 mil personas es muerta de manera violenta, un índice que duplica al de  New Orleans y Ciudad del Cabo, que siguen a la capital venezolana en la lista.

La violencia en el Medio Oriente es un asunto estructural marcado por diferencias religiosas. En Venezuela es estructural por condiciones sociales y, habría que agregar gracias a Chávez, políticas. Ya resulta insuficiente hablar de Caracas como una ciudad insegura: cuando el móvil de un asesinato es el robo de un teléfono celular o un carro, o por una venganza porque me chocaste mi moto o simplemente porque me viste feo estamos hablando de una sociedad seducida por lo grotesco.

Seducción de lo groteso manifiesta en una grotesca Navidad, en la que  la gente asesinada por usar su recién adquirido BlackBerry o conducir una Cherokee de agencia, comprada con los churupos de meses, años quizás. Centros Comerciales abarrotados de gentes de todos los tipos que compran una “chemise de marca” por un millón de bolívares (1.000 bolívares fuertes, perdón) o unos zapatos Ferragamo que cuestan el equivalente a tres o cuatro canastas básicas; prendas que probablemente no lleguen a utilizar nunca, pues en esta ciudad nunca se sabe ni cuándo ni dónde le tocará a alguien pagar con su vida el peaje impuesto por el hampa.

Una Navidad que deviene de lo pintoresco a lo burlesco y termina en lo grotesco porque parece que al final se asocia a lo que tiene uno y lo que tienen los demás, lo que me puedo dar el lujo de comprar y exhibir, lo que no puedo comprar y por ello me doy el lujo de matar para luego poder lucir. Está claro: más allá del elevadísimo número de muertes que se producen al año, lo que está acabando con Venezuela es la muerte del sentido de inclusión, lo que los más chauvinistas pudieran llamar “sentir patrio” o, simplemente, el autoaniquilamiento de un gentilicio.  Nos estamos matando como imbéciles, y con cada venezolano que muere va muriendo poco a poco cualquier ritual de celebración. Celebramos con un requiem una festividad centrado en la natividad. Más funambulesco que eso imposible.

3 Responses to ““Feliz Navidad Sangrienta””


  1. 1 juan pablo huizi 13 enero, 2009 a las 6:09 am

    Tristemente cierto. La inclusión ha pasado a ser nuestra seña de identidad.

    Vivo en Barcelona hace unos años y amigos que vienen a verme o con los que mantengo contacto en Venezuela, siempre me comentan el tema ETA como algo preocupante -que lo es- a la hora de pensar en vacaciones o los que se plantean cambiar de aires.

    Yo siempre que puedo les muestro un pequeño cálculo que suelo llevar escrito en un papelito. Es el siguiente:

    El primer muerto de ETA data de 1968. Desde entonces la banda terrorista se ha atribuido poco más de 430 muertes (no tengo el número exacto, pero ronda esta cifra).

    Si dividimos estas muertes por el número de años que llevan matando estos energúmenos, nos da una cifra cercana a los 11 muertos por año y que lamentablemente son muchos.

    510 muertos en el mes de diciembre (¡en un mes!) en Venezuela, equivalen a 17 muertos por día, es decir, un muerto cada hora y pico SOLO EN CARACAS.

    Otra.

    Según las cifras “oficiales”, murieron 2165 seres humanos en el año del plan Caracas, es decir, 6 muertos al día, uno cada 4 horas y seguimos hablando solamente de Caracas.

    Utilizar simples estadísticas para ilustrar la magnitud de lo que sucede puede sonar frío, excesivamente racional, pero es el recurso que más me ha funcionado a la hora de mover conciencias.

    Y como bien dices, el tema inclusión es un asunto reciente. Educar resulta de vida o muerte.

  2. 2 Ancient 13 enero, 2009 a las 8:30 pm

    Que facil acaban con mi propuesta, pretendia no hablar de el, pero no se puede.

    Hoy lo escucho hablar cosas muy bonitas. Que la pobreza en el pa’is bajo del 70% al 30%. Que la miseria, o pobreza extrema, bajo de un 40% a UN DIGITO!!! 9%. Que las tierras ociosas ahora producen. Que las comunas estan impulsando al pais. Eso en los pocos minutos que aguante (creo que todavia esta hablando, no quiero ni prender el televisor)

    Digame usted, señor Humberto Rodrigo Chacin Farias (para dejarle las iniciales, porque el nombre lo perdio con su promesa de no mas niños en la calle), si la violencia es producto del malestar social, DE DONDE SEBILLO SALEN TODOS ESTOS MUERTOS? Ni en Gaza, coño! O esos son los escualidos que salen a matar gente solo para desprestigiar a la Revolucion bonita? Porque esos numeritos que usted me dijo hoy no justifican lo que aqui se vive.

  3. 3 GEP.Mzz 23 enero, 2009 a las 9:21 pm

    Triste, pero cierto..
    no vale la pena vivir aqui.


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