Que nadie me robe mi mercado, ni mi cédula

No es que uno no se dé cuenta día a día, pero a uno realmente le cae la locha de cómo está de jodido el tema del nivel de vida,  la inflación y el poder adquisitivo cuando sales del mercado con cuatro bolsas en las manos, llega un malandro a robarte y le dices: “Ok pana, yo te voy a dar el bolso, pero me dejas mi mercado…”

Pero lo peor no es eso. Lo más jodido es que, a final de cuentas y tras las circunstacias dantescas que me llevaron a recuperar los bienes recientemente perdidos a manos del hampa, venga el malandro y diga: “¡No chamo! ¡pa’ eso ni te fuera robao’!”

Andaba en cholas, franela de algodón blanca sin ninguna marca visible -por el simple hecho de que no es una franela de marca- y un mono deportivo gris desteñido por el uso. Apenas salía de haber gastado 200 mil bolívares en un mercado de conveniencia y sí, eran física y literalmente cuatro bolsas de mercado las que cargaba cuando el malandro en cuestión, apenas un raterito con barros en las mejillas y ojos que delataban los efectos de la piedra, se cruzó en mi camino y con el revólver en el cinto del pantalón profirió su amenaza.

– ¡Chamo, dame el koala ya!

Ya decía yo que en algo tenía que haberla cagado. No era lógico que con el atuendo que yo llevaba se me acercara algún antisocial a robarme. Pero el bolso cruzado que llevaba sobre el hombro fue demasiada presunción de mi parte. ¿Cómo se me ocurría salir a la calle con un bolso? Pero ya no había marcha atrás, me encontraba en una de las tantas esquinas de la avenida Rómulo Gallegos con un cagaleche pistolero pidiéndome que le diera “el koala”. Vi el revólver, pensé que estaba a la distancia perfecta como para darle un rodillazo por las bolas… o que perfectamente podía hacer el amague de poner las bolsas en el suelo y quedarme con la que llevaba una botella de vidrio y darle mamarro de botellazo en la cabeza.

– ¡Que me des el koala pues mariquito!¿¡Quieres que te deje frío aquí mismo?

Justo con esa frase, tal vez siguiendo las normas del buen hablante y el buen oyente, fue que alcé mi vista y vi cómo el fuego llenaba los ojos de “Kendry” y decidí que mejor era sacrificar el “koala” y preservar mi integridad física… y la integridad física y literal de mis cuatro bolsas de víveres.

– OK pana, yo te voy a dar el bolso, pero me dejas mi mercado…

Y pronunciar esa sentencia fue como activar la ira de Kendry, que en un gesto rápido, violento y propio del carterista consumado me quitó el bolso que llevaba cruzado en el torso sin que yo tuviera que facilitarle el proceso. Las bolsas de la compra permanecieron en mis manos y solo los lentes de sol que llevaba puestos -una baratija salida de algún anime del boulevard de Sabana Grande- cayeron al suelo. Antes de arrancar su carrera olímpica, Kendry se agachó a tomar ese último trofeo, la ñapa que le brindaba el pedazo de güevón a quien robó a plena luz de las tres de la tarde en una de las avenidas más transitada de esta sobrepoblada ciudad.

El asunto es que, como dicen por ahí, el destino se manifiesta de maneras extrañas, sobre todo en esos lugares que parecen abandonados por dios o por el destino mismo. Permanecí en la misma esquina unos breves segundos, haciendo o tratando de hacer un atropellado recuento de lo que llevaba dentro del bolso. “Ok están las llaves de mi casa la billetera con las tarjetas de crédito y la cédula coñoelamadre la cédula, la licencia coño cincuenta mil bolos en efectivo la chequera mierda en menos de un mes hay votación tengo que sacarme la cédula mañana mismo…” y en ese momento una moto de la Policía Metropolitana pasó frente a mis ojos. El recuento mental se bloqueó inmediatamente, en su lugar mi cerebro mandó la orden completamente opuesta de actuar y llamar la atención.

Fue entonces cuando alcé mis dos manos -cargadas de bolsas- y gesticulé a los dos policías que montaban la moto mientras gritaba: “¡Policía, policía! ¡me acaban de robar!”

Los efectivos se acercaron a mí y cuando se estacionaron y empecé a hablar por primera vez me di cuenta de lo alterado que me encontraba.

– ¡Me acaban de robar, un chamo solo, chemise marrón, manchada, carga una pistola, se fue por aquí!

Escucharon mis indicaciones y vi como los dos efectivos, el hombre al volante, la mujer atrás, se fueron siguiendo la  dirección que indicaba con mi mano derecha cargada con dos bolsas de compras.

– Pero ven pa’ que nos indiques- me dijo la mujer policía, y mientras ellos arrancaban en la moto yo corría con mis cuatro bolsas de mercado y mis cholas rajadedos, atravesando calles atestadas de carros, carritos por puestos y gente que le decía a los policías motorizados por dónde se había ido el ladrón.

Más enterados de la ruta seguida por el maleante los policías aceleraron calle abajo, y yo seguí corriendo como atleta en los 100 metros planos, eso sí, en cholas rajadedos y cargado de bolsas. Alcancé la siguiente intersección y paré, no tenía sentido continuar si no sabía en qué dirección habían ido maleante y policías.

Aproveché ese descanso para recuperar el aliento y pensar en la posibilidad de recuperar mis pertenencias, “sería perfecto”, me decía, “que no tenga que perder una mañana entera de trabajo para ir a sacarme una cédula nueva. Pero recuperación y reflexión duraron poco: de la nada surgió la moto con el hombre y la mujer policía, y el malandro entre ellos dos, esposado y con la cabeza gacha. No podía creerlo.

La moto se estacionó a mi lado. “Procedió” el policía.

– Mira chamo, ya agarramos al ratero este.

– ¿Recuperaron mis cosas?

– Sí, acá están todas tus pertenencias- apuró la policía, alzando mi bolso-koala.

– Mira chamo, vamos a hacer esto bien… Vamos a poner la denuncia en la jefatura pa’ que metan preso a este coñoeamdre.

– Claro, claro, vamos a hacer la denuncia- dije apresuradamente, acelerado aún por todo lo recién acontecido.

– ¡Vamos pues! tenemos que ir a la Zona 7 así que vamos dándole.

– Pero ya va… ¿Cómo que vamos dándole? No me puedo ir a pie a la Zona 7…

– No chamo, te montas acá en la moto- me dice el oficial

– ¿Cómo me voy a estar montando en la moto? ¡ya van tres ahí! ¿Cómo me voy a montar yo?

– Dale tranquilo… ¡Móntante!

– No pero dame un chance… tengo que llevar este mercado pa’ mi casa… cargo un helado acá en una bolsa, se me va a derretir.

– ¿Dónde vives tú?- Me preguntó la mujer policía,

– Acá mismo, a dos cuadras.

– Bueno, móntate y te acercamos hasta tu casa…

Y en un gesto y una mirada la policía, a pesar de la desconfianza que siempre me han inspirado los cuerpos de seguridad de este país, me transmitió buena fe y su intención de ayudar.

Así es como se llega a una imagen tan surreal, una postal digna de una república bananera, de Macondo, de una cagá e’ país: pasando todas las bolsas de mercado a una sola mano, hice de tripas corazón y con un pequeño salto me encaramé tras la oficial en la moto de la Policía Metropolitana, y llevando la mitad del culo al aire el policía arrancó rumbo a mi casa.

“Me voy a caer de culo en medio de la calle como un imbécil”, fue lo primero que pensé mientras me aferraba con el brazo izquierdo al cuerpo de la oficial de policía, y muy dentro de mi propio ser me cagaba de la risa de esa pequeña escena burlesca, esa mini desgracia personal en la que se me pasaba una y otra vez por la mente aquella frase popular que nunca había interpretado tan literalmente: “Más agarrao’ que vieja en moto”…

Juro que hubiese pagado por ver esa imagen: cuatro personas en una moto, dos agentes, ladrón y víctima del latrocinio, todos formando una masa amorfa sobre una moto que se iba echando tres peos, avanzando en eses para evitar los huecos de las cansadas calles de Caracas -y es que realmente no era una opción caer en un hueco, lo mínimo me quedaba sin la mitad del mercado y sin dientes. Más plata aún hubiese pagado por ver la torpeza extrema con la que me bajé de la unidad policial, un poco agraciado salto hacia atrás, en el que no me doblé un pie porque dios aprieta pero no ahorca. Ya con los pies en la tierra, recuperando el pulso normal y un poco más calmado le digo al policía que ya vuelvo, que solo dejo las bolsas y busco las llaves del carro para ir a la Zona 7 a poner la denuncia.

Entonces el policía me comenta.

– Mira chamo, pero te voy a decir una vaina: si vas a poner la denuncia todas tus cosas se tienen que quedar en la Comisaría, ¿sabes, no?

Veo atentamente al policía y hay algo que no me cuadra. Trato de ganar tiempo preguntando cualquier cosa.

– ¿Pero cuánto tiempo se van a quedar mis cosas?

– ¡Coño chamo, no sé! Eso tiene que ir a Fiscalía…

Veo al policía, aquí hay algo raro, me quedo pensativo

– ¿Y entonces chamo?

– Bueno, mira, no sé, si se van a quedar mis cosas ahí no se por cuanto tiempo…

– Bueno chamo, ¿pero no íbamos a hacer las cosas bien?

¡Claro! ¡El policía tiene mis lentes puestos!

– Tiene razón señor agente, hay que hacer las cosas bien, pero ¿me van a devolver todas mis cosas, no?

– Claro chamo, a ti el fiscal te devuelve todo.

– ¿Incluyendo los lentes esos que llevas puestos?

– ¡Ah! Sí es verdad que estos lentes son tuyos…- El oficial se los quitó y se los dio a la mujer policía, para que los guardara en mi bolso-koala.

Cuando me volteo para ir a dejar las bolsas y buscar las llaves el oficial me vuelve a hablar.

– Mira chamo, ¡búscate un cuchillo ahí!

– ¿Y como para qué necesitamos un cuchillo?

– Es que mira, la pistola con la que te asaltó este chamín es de mentira, y bueno pa’ que no vayas a llegar a la estación que te asaltaron con esta pistolita- y con las dos manos hace estallar en pedacitos el arma de plástico con la que, unos minutos atrás, estuve a punto de arriesgarme a perder la vida.

No sé qué me indignaba más, si el hecho de que el policía me hubiese pedido “un cuchillo ahí” o que el piedrerito me hubiese malandreado con una pistola de plástico.

– Mira…- le dije al policía- yo no soy ningún bravucón y no necesito andar comprobando por las calles cuáles son las pistolas verdaderas y cuáles las de mentira. Si me van a chalequear en la estación por el hecho de haber sido asaltado con una pistola de mentira, pues que me chalequeen.

II

Al llegar a la Zona 7 uno se hace solidario con los agentes policiales. Las condiciones de esa estación son sencillamente deplorables. En la garita de entrada se encuentra una oficial sentada en una silla desfondada, tras un armatoste de escritorio de esos típicos de los años 70, como los que, recuerdo, usaban los maestros en los salones de clases de cualquier escuela y que hoy en día han sido relegados a todos aquellos funcionarios que se encuentran en la entrada de algún organismo público –funcionarios que reparten numeritos o que simplemente están ahí para preguntar a dónde se dirige uno y balbucir alguna indicación de oficina o piso. Un muro de media altura con bloques aún crudos  es lo único que hay entre la oficial en su escritorio y el recién llegado maleante, quien se asoma por encima de esa pequeña pared en el momento en que a la poicía le traen un plato de cartón repleto con una parrilla de morcilla, chicharrón y chorizo, que acompaña con una yuca que va sacando de un tupperware desvencijado. Kendry ve la comida y casi babea, pero ensegurida reacciona y me ve a mí frente al escritorio y en su rostro vuelve a nacer la ira.

– ¿Qué coño me ves?- Le pregunto- ¿Me vas a dejar frío ahora?

– Échate pa’llá- le dice la policía con la boca llena. Luego se concentra nuevamente en su plato, el cuerpo completamente inclinado hacia el escritorio y la cabeza prácticamente metida en el plato. – ¿Qué fue lo que te pasó a ti, chamo?- me pregunta.

– Bueno, iba caminando y este chamo me robó- y señalo mi bolso, que se encuentra justo al lado del plato de “parrilla mixta, para llevar por favor”.

– Mmm…- la cabeza sigue baja, el cuchillo sigue picando, el tenedor sigue llevando comida a la boca- ¿Y tú por qué robas?

– Pa’ comprale comida a mi chama…

– ¿Y por qué no trabajas?

– Porque me pegaron un tiro y me robaron mi moto…

– ¿Y como a ti te robaron tú robas a los demás?

– Bueno… yo no le robé nada a este chamo, eso es todo mentira.

– ¿Ah, no lo robaste? ¿Entonces por qué estás aquí, por qué te agarraron?

– Bueno, si yo viviera como este chamo que vive bien yo no robaría, pero es jodío viví en un barrio y no tené  na’ que comprale comida al hijo diuno…

– ¿Qué tienes tú de valor ahí?- se dirige esta vez a mí la policía.

– De valor nada… mira- y empiezo a sacar todo lo que hay en el bolso- Acá lo que está es mi billetera con 50 bolívares fuertes en efectivo… dos tarjetas de crédito sobregiradas, tarjeta del Excelsior Gama, del club de video, la tarjeta del bono alimenticio, mi cédula y mi licencia… En este bolsillo está mi chequera, acá está mi carnet del trabajo, los lentes de sol y eso es todo…- y de repente doy con algo que no sabía que estaba en el bolso y lo saco: un reproductor de mp3 Xact, modelo imitación de un iPod Suffle – Y esto también pero esto no es mío, seguro se lo robó a alguien más antes de robarme a mí.

– Eso no me lo robé, eso es mío- protestó Kendry.

– ¡De bolas que es tuyo!- dije indignado – ¡Es que tú sales por ahí a robar gente escuchando musiquita pa’ inspirarte!

– Que eso es mío vale…

La policía agarró el reproductor de mp3, le conectó los audífonos y se los colocó en los oídos.

– Y bueno, eso es todo lo que tenía en el bolso.

– No chamo! ¡pa’ eso ni te fuera robao’! Con eso no le fuera comprao’ un coño a mi carajita…

III

– Bueno, vamos a hacer el oficio. Sabes que todo esto se tiene que quedar acá como evidencia.

– Sí, no hay problema, solo déjame agarrar mi cédula y mi licencia y te dejo lo demás.

– No- me dice la policía, aún con la boca llena- Todo se queda acá.

– Perfecto, no hay problema, yo no me llevo la billetera, solo me llevo mis documentos.

– ¿Tú quieres hacer la denuncia?

– Sí.

– Entonces tienes que dejar todo.

– Voy a dejarte todo, pero me llevo mis papeles.

– Chamo, tú no estas entendiendo- y por primera vez la policía levanta la mirada y me ve directo a los ojos- ¿Qué edad tienes tú?

– Mira- articulé en principio mientras contaba hasta 10 mentalmente- Yo tengo 30 años y tú eres la que no está entendiendo. Yo voy a poner la denuncia y me voy a llevar mis documentos porque, ¿sabes? si yo me voy de acá y en dos cuadras me para la policía, cualquiera de estos compañeros tuyos que están por acá, y me pide la cédula tengo que mostrársela, ¿no? ¡Yo no puedo circular por la calle sin mis documentos!

– ¡Ah no! ¡Mira Palma, agarra acá tu caso, tú fuiste quien trajo este peo pa’cá.

Se acerca Palma, el policía de la moto.

– ¿Qué pasó chamo, no ibamos a hacer la denuncia pues?

– Claro que vamos a hacer la denuncia, lo que pasa es que yo no te puedo dejar acá mis documentos.

– Chamo, pero yo te dije que todo se tiene que quedar acá y que eso va a Fiscalía.

– OK. Supongamos que yo te dejo todo. Yo no tengo peo en dejarte todo, tarjetas de crédito, chequera, efectivo, no me importa. ¿Cuándo me devuelven a mí mis documentos?

– ¡Ah, no sé! Ya te dije que eso depende del fiscal…

– Pero…

Y, ya sin palabras, me quedé hundido en el silencio del que se sabe derrotado. Menos mal que el mismísimo inspector interrumpió pronto ese silencio.

– Mira chamo, te voy a hacer un favor- tomó todas mis pertenencias y las volvió a meter en el bolso- Te hago entrega de tu bolso, acá estamos para servirte. Somos una policía socialista al servicio del pueblo.

Aún sin palabras me di vuelta y abandoné las paupérrimas instalaciones de la Policía Metropolitana. En el camino terminé de darme cuenta: no había manera de dejar mis cosas allí, los mismos policías sabían que lo que más valor tenía de mis pertenencias era mi cédula de identidad. Fue prácticamente una decisión de supervivencia, que en realidad fue un trueque: recuperé mi cédula, así como Kendry, en cuestión de horas, habría de recuperar su libertad.

21 Responses to “Que nadie me robe mi mercado, ni mi cédula”


  1. 2 Pedro Macias 28 enero, 2009 a las 3:49 am

    Querido amigo, leyendo este articulo, han vuelto a mi los recuerdos de mi pasada vida en esa caga’ de pais, ahora mismo vivo en España, decidí cambiar esa forma de vida tan peculiar del venezolano de mirar con 8 ojos cuando vas por la calle o cerrar con 8 cerraduras las puertas y rejas de tu casa, tambien decidí olvidar mi secuestro express del que me salvé de milagro pero eso todavia no lo he podido hacer y creo que no lo podré olvidar nunca, es una pesadilla que me persigue cada noche. Aqui en España decidí independizarme, monte un negocio pequeño en una zona turistica donde no me estoy haciendo millonario, pero vivo decentemente, puedo “vivir”, puedo cerrar mi negocio a las 21:00 y puedo irme caminando a casa, incluso puedo dar una vuelta por el casco antiguo a pie y tomarme algo con mi esposa para celebrar la llegada del fin de semana.
    España no es el país perfecto, aqui tambien ocurren cosas malas y tambien hay delincuentes, pero Venezuela ha dejado el liston muy alto y cuando veo las noticias aqui me entra la risa tonta al ver las caras de los vecinos alarmados porque un hombre robó a una señora un bolso y salió corriendo.
    Hace un par de meses entro a mi tienda un joven Marroquí con un cuchillo, lo puso en la barriga de mi empleada y vació la caja registradora, se llevó un total de 120 Euros, que para los que vivimos de este lado del charco sabemos que no es la gran fortuna, el hombre salió corriendo, la empleada lloró del susto, los vecinos se alarmaron, llegó la policia en 3 minutos 22 segundos despues de haber accionado el boton de alarma, inmediatamente que dimos la descripcion del malandro, la movilización policial en el centro fue digna de un acto terrorista, un agente especializado en informatica me pidió la cinta de grabación de seguridad de la tienda para su analisis, otro agente de criminalistica, me pidió que no tocara nada pues procederian a tomar huellas dactilares de la caja registradora, no lo podia creer, se montó una pelicula de C.S.I. por 120€, al cabo de 2 dias un agente de policia me informó que el sospechoso estaba en jefatura, que tenia que ir la empleada a reconocerlo en fotos (nunca juntan a criminales con ciudadanos) para poder proceder al juicio.
    Yo realmente no tenia esperanzas de que lo agarraran, pero lo hicieron, lo imputaron y lo metieron preso por robo a mano armada, daba igual que su hubiera robado un caramelo, fue con un cuchillo y eso tiene pena de carcel, mas una multa, mas mi demanda de 120€ con intereses que se me devolverán una vez finalizado el juicio.
    Esa seguridad juridica es la que estaba buscando, esa confianza en un Policia era la que estaba buscando, ese sentimiento de que cuando pides ayuda y te la dan y ponen todos los medios necesarios por insignificante que sea el caso era lo que estaba buscando, y de momento me quedo aqui tratando de olvidar por fin mi secuestro express de la caga’ de pais donde vivia.
    Gracias

    Pedro

  2. 3 Mariale divagando 28 enero, 2009 a las 12:13 pm

    Qué horrible, canachin!
    No sólo horrible que te hayan robado y que no pudieras hacer ni siquiera una denuncia después de sufrir en la moto y de ir a la Zona 7… Sino además saber que todos estamos igual de indefensos, igual de atados de manos…

  3. 4 Karen Blanco 28 enero, 2009 a las 6:12 pm

    Es triste pensar que Venezuela se esta perdiendo poco a poco, y no el pais en si, si no la gente que es lo que hace al pais. También viví situaciones horrorosas, una de ellas una “bala perdida” dentro de mi propia casa la que la atravesó de punta a punta, pudiendo cobrar la vida de mi esposo o hijo… También un episodio muy raro con un motorizado en pleno semáforo y otros policias de la metropolitana a plena luz del día y con bebé en brazos. El que salga de Venezuela tiene un master en defensa y prevención de seguridad personal, me alegra saber q Macias ya puede vivir sin la paranoia de cerrar las puertas con 4 llaves, también estoy en España, y no dejo de hacerlo.
    Es un precio que muchos pagan alejándose de su país y sus seres queridos, pero la “tranquilidad y seguridad” no tiene precio en ningún lado.

  4. 5 Hallaco 28 enero, 2009 a las 6:58 pm

    …Y ahora “El Kendry” no solo sabe como te llamas, tambien sabe donde vives. Con gusto me ofrezco para llevarte a Maiquetía a tiempo para el próximo vuelo de Iberia.

  5. 6 Saucisse 29 enero, 2009 a las 9:32 am

    Muy buen relato. Venezuela es el pais de “las maravillas” y los venezolanos somos unos “supervivientes”.

    Te repito lo que una vez me dijo un policía : mirale el lado positivo, no te hicieron nada…

  6. 7 Felixmen 29 enero, 2009 a las 1:57 pm

    Quisiera que la vida me diera la hermosa oportunidad de despedazar sólo una vez a un “Kendry” de esos. Sólo para drenar la ira, impotencia y frustración que se siente en un momento así.

  7. 8 Bob Sacamano 29 enero, 2009 a las 3:14 pm

    Dónde está la Zona 7 en Caracas?

  8. 9 Malandro 29 enero, 2009 a las 6:36 pm

    Que vaina tan buena, por lo menos todavia nos podemos reir de estas circumstancias. Al final le debiste haber dado los BsF 50 a Kendry para que le comprara algo a la chama, ella no tiene la culpa.

  9. 10 WesllyOni 29 enero, 2009 a las 6:54 pm

    Verga Canachin, como te va a pasar esta vaina.. Chamo te compadezco.. Recuperaste todas tus vainas, todo “salió bien”, no te pasó nada (excepto quizas el dolor en los dedos por las cholas rajapies) y aún así lograste que en medio de todo el peo me pudiera reir que jode una vez mas de las vainas que pasan en esta caga’e país que vivimos…

    Ahora cuando salgas, ponte mas mosca.. y por favor ese koala no lo vuelvas a sacar jamás a menos que sepas que tendrás las manos desocupadas, asi que salir con el al mercado ya no es una opción..

    Un saludo viejo..

  10. 11 Jawa 30 enero, 2009 a las 10:46 am

    Puf vaya faena con la inseguridad de Caracas. Amigo usted es más valiente que nadie, yo no me hubiera montado en la moto ni de vaina!.
    Como Pedro también me vine a españa porque estaba (como dicen aqui) hasta las narices de la iseguridad. Yo trabajaba en la hermosísima zona de Sabana Grande, o mejor dicho, el Mercado Persa de Sabana Grande. No había hora del día en que no se escuchara un “¡agarralo! ¡agarralo!” en pleno boulevard, que yo digo que esos malandros del coño eran uno artistas para poder sortear el laberinto de puestos de buhoneros. Allí me intentaron quitar una vez el bolso, bueno el carajito logró arrancarmelo de la espalda y me tiró al suelo lógicamente, yo no sé de donde me salió la valentia, pero me levanté como un peo y le salté encima para quitarle mi bolso. Loca de bola lo sé, porque el “niño” podría haber tenido algún arma escondida, pero igual le quité mi bolso. La cosa era que ya yo estaba con los nervios de punta, el no poder salir de tu casa después de cierta hora, salir del trabajo en una sosobra constante, el no poder ponerte la ropa que te sale del forro porque luego “llamas la atención” pues al carajo. Aqui en Madrid no es que no pasen cosas, pero puedo al menos caminar sola a cualquier hora por el centro de Madrid sin tener que esta como un mono en estero, con los ojos pelados mirando pa todos lados. Que tristeza que uno tenga que huír de su país por vainas como estas.

  11. 12 Fulgrim 1 febrero, 2009 a las 6:39 pm

    Me encanta este blog, pero que lastima que la mayoria de los que comentan son los falsos venezolanos y escualidos que se han ido del pais.

    Y cuando digo escualidos digo de aquellos que todavia se hacen llamar criollos, aun queriendo mas a un pais que lo que trajo es miseria y esclavitud a Venezuela. Que manera tan cobarde de cambiar su situacion, escapando del pais no?

    Por cierto…NO A LA ENMIENDA

  12. 13 CM 3 febrero, 2009 a las 3:44 pm

    Habemos algunos que detestamos este pais y si no nos hemos ido es porque aun no hemos podido.
    Quedate aqui con tu Chavez pelando bolas.
    Jajaja,luchar por un poco de lambusios arrastrados como el venezolano comun,no me jodas.

  13. 14 stone25 4 febrero, 2009 a las 1:34 pm

    Fulgrim, te escribe un “falso venezolano” y lo último que se me ocurriría llamarme es “criollo”. Tú te acuerdas de las clases de historia de primaria? tú sabes quiénes eran los criollos?

    Chamo, analiza la historia de tu país. España no trajo más “miseria y esclavitud” que la que hicieron los propios blancos criollos. Es más, el que abolió la esclavitud no fue Santo Simón Bolívar, sino José Gregorio Monagas… 24 años después de la muerte del dictador “Libertador”.

    Por qué no aprendes por tu propia cuenta y dejas el caletre de Chávez a un lado, pana. “Cobardes”, “Escuálidos”… Las cosas no son tan en blanco y negro, pero bueno, tu no tienes la culpa de que no te hayan enseñado mejor.

  14. 15 Felixmen 5 febrero, 2009 a las 9:10 am

    Fulgrim, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.
    Si tuvieras para donde irte, con un trabajo bien remunerado, te hubieras ido hace rato.
    No critiques a quien decidió vivir en otro país. Eso me suena a envidia.
    “Falsos” los llamaste y yo pregunto tú eres 100% auténtico? piénsa bien tu respuesta…. Estás seguro?… Yo no creo.

  15. 16 Jawa 7 febrero, 2009 a las 10:59 am

    Como me sacan la piedra a estos pendejos que les encanta pelar bola y encima lo ofenden a uno por envidia.

    Yo no he dejado de ser venezolana por haberme ido del país. Simplemente yo he elegido no aguantarme mas la peladera de bola, la insultadera, la inseguridad y el reconcomio de una pila de pajuos que me tildan de pecadora por tener las tres mariqueras que tengo fruto de mi trabajo y encima quieran robármelas, encima que me vean como el “enemigo”solo por mi color de piel.

    Encima dices que somos cobardes… hay que joderse. Pues si nojoda!!! soy una cobarde, soy una cobarde si eso significa que yo quiero para mí tranquilidad, seguridad, futuro libre y que las cosas funcionen. Lamentablemente eso no lo consigo en Venezuela y si sigue como va, pues no lo conseguire jamás.

    Nojoda chico ¿me vas a venir con esa paja que si escualida, falsa y no se cuanta mierda por haber decidido no aguantarme mas la cagada en que se ha convertido Venezuela? Pues anda a ver si la gallina puso! (si quieres puedes buscarla en los gallineros verticales que una vez tu presi sugirió).

    Como dice Stone, vaya y lea historia de venezuela, luego venga a decir estupideces si quiere, pero con propiedad.

  16. 17 Felixmen 10 febrero, 2009 a las 1:11 pm

    No Jawa, no eres cobarde. Decidiste vivir tu vida dignamente. Eso deberiamos hacer todos y no calarnos más esta vaina.
    Seguro que el domingo 15 gana el SI y en carnavales nos vamos a la playita, no?

  17. 18 yo! 10 febrero, 2009 a las 11:07 pm

    Qué increíble todo lo que acabo de leer, digno de una peli de ficción pero lo que da mas arre es que es la pura realidad, lo peor es que la cosa ya es costumbre… anda, todos los días se me suma una razón para hacer maletas y arrancar… la cosa no será fácil, los países de afuera no son perfectos pero lo que se vive aquí ya es el colmo de lo subreal. Saludos y a cuidarse, ya en Caracas… bueee… en toda Venezuela, salimos de la casa pero no sabemos si regresamos, toca encomendarse a la corte celestial que esta biiieeen arriba, porque si bajan también los atracan. Qué Dios nos agarre confesados!

  18. 19 Angie 15 mayo, 2009 a las 3:15 am

    A mí mamá una vez se le quedó la cédula en el banco. Regresó a pedirla y le dijeron que no estaba. Una semana después de las elecciones la llamaron para que por favor fuese a buscar su cédula…

  19. 20 Leonardo 19 mayo, 2009 a las 7:44 pm

    Pufffff pues si chamo yo no me hubiese montado en la moto. De pana que vivir en Caracas no es vida. Si no te puedes ir de Venezuela, pero quieres más tranquilidad, hay ciudades más seguras. La última en la que viví antes de irme de allá fue Maturín, que estemos claros es un pueblo, pero allá aún se puede caminar algo tranquilo.

  20. 21 TamzCorona 9 diciembre, 2009 a las 5:30 pm

    Lo Siento por todos pero los unicos Criollos aqui! Son los Dominicanos


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