Ser un buen perdedor

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(c) Xpa (Flickr)

De niño solía jugar béisbol en un tierrero que había al lado de mi casa. Nos reuníamos todos los carajitos de la urbanización, recolectando entre todos los implementos que teníamos: algunos tenían guantes, otros bates, otros las pelotas. Siempre había dos que eran los líderes y que, como tales, serían los encargados de escoger al resto de su equipo. Yo siempre fui de los escogidos, y no voy a decir que siempre me tocó en el equipo más malo, es mentira, a veces me tocó ganar.

Pero lo que quiero comentar acá son las veces que me tocó perder. No importaba si teníamos al mejor primera base, al pitcher que lanzaba más duro, al mini-slugger de la cuadra o al que se robaba todas las bases, a veces, como en todo en la vida, a mi equipo le tocaba perder. Y sobre todo cuando teníamos ese equipazo nos íbamos con mal talante a nuestras casas, todos juntos arrastrando los pies en la tierra y con la mirada baja, y de vez en cuando alguno de nosotros decía: “bueno, pero por lo menos nosotros dimos tres jonrones y ellos no dieron ninguno”. O “nos habrán ganado, ¡pero perencejito les metió como 400 ponches!”

Más adelante empecé a jugar fútbol en ligas organizadas. Tuve la muy mala fortuna de empezar a jugar en un equipo que no perdió un juego en dos campeonatos seguidos, fui bicampeón regional teniendo menos de 10 años. Pero después me tocó mudanza, y con la mudanza me tocó cambio de equipo.

Esta vez me tocó al equipo al que siempre le decían: “vas de primero en la tabla, ¡pero de abajo pa’arriba!” Y para colmo de males yo era el portero del equipo. Recuerdo un fin de semana que fuimos a un campeonato en el Club Hebraica y que en uno solo de los cuatro juegos que disputamos nos metieron seis goles, hecho que para mí se traducía en “me han metido seis goles”. Esa noche iba de regreso a mi casa contando las gotas de lluvia que daban contra el carro de mi padre, viendo matices de gris en el cielo encapotado, tratando de captar cualquier imagen que borrara los seis mamonazos que me tenían en ese estado de desolación.

Y llegué a mi casa y vi que mi papá cruzaba un par de palabras con mi madre, acto seguido ella se me acercó con los brazos abiertos y me abrazó. Y me dijo: “¡ese es mi para-penaltis!”

Mi papá le había dicho que perdimos, pero que paré una pena máxima. Pero no había remedio, la felicitación de mi madre fue como una patada por el hígado.

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(c) AFP / Juan Barreto

Nunca he podido entender a la gente que no sabe perder. A esa que cuando la Vinotinto pierde un juego le achaca la culpa al arbitro, a la altura o al cansancio de los jugadores. A los entrenadores que le echan la culpa al público por no apoyar la divisa nacional. A los que apuestan millones a que vamos a ganar 10 medallas de oro en las olimpíadas y después se justifican diciendo que los otros países nos vencieron porque cada atleta tiene tres entrenadores, nutricionista, masajista, pedicurista y mucama privada. No entiendo a los que dicen que se inyectan esteroides porque todo el mundo lo hace. Peor aún, no entiendo ni podré entender nunca a aquellos que pierden y dicen que perdieron por culpa de su contrincante.

Todo esto me viene a la mente por las tristes declaraciones de Aristóbulo Istúriz, y por las palabras aún mas lamentables emitidas en cadena nacional por el Supremo de la República Bolibananera de Venezuela.

¿Alguien me puede aclarar en qué coño está pensando Chávez?

El domingo salió muy feliz, al lado de un Muller Rojas también feliz, aunque esa felicidad se le notaba más que fingida. Juntos hablaron del dominio “radical” del PSUV, de los piches tres o cuatro estados que habían ganado los opositores. Pero al día siguiente… la ira.

¿Cómo un jefe de estado puede llamar a una rueda de prensa y hacer una cadena nacional para explicar las razones por las cuales perdieron en un municipio? ¿Cómo, ante la mirada de millones de personas y la presencia de decenas de medios de comunicación, puede hablar de manera tan violenta e incitando a la división? ¿Cómo, en pleno siglo XXI, puede montar un discurso de lucha de clases sobre una base de diferencias étnicas? ¿Cómo hace para tener el coraje de hablar de  “riqueza” en un municipio azotado por la violencia, el hampa, la escasez, la basura?

Muchos sabíamos ya que tarde o temprano la bestia iba a explotar. Yo, sinceramente, pensé que iba a tardarse un poquito más, pero con Huguito nunca se puede tener certeza de nada. Ahí está, con su “mayoría radical”, con su mapa casi todo pintado de rojo pero molestísimo por haber perdido Sucre a manos de un sifrino, además por culpa de los millonarios que por allí disfrutan de sus villas y sus clubes privados y sus puertas de seguridad a control remoto.

Yo solo te digo una cosa Chávez: cuando mi equipo ganaba en la caimanera de béisbol no me importaba si me habían ponchado tres veces, o si el equipo contrario nos había dado ocho jonrones. Cuando mi equipo ganaba celebrábamos hasta más no poder. Al perder, en cambio, me sabía a mierda haber parado un penalty o dos. La cosa es que en la clasificación del campeonato ese día  el equipo sumaba cero puntos. Y si los que nos ganaban eran unos sucios o si los árbitros nos habían jodido o nos anularon tres goles no importaba: en la historia del deporte nunca vas a encontrar el registro del equipo que casi gana el campeonato, o el del pelotero que casi gana el título de bateo.

¡Qué facil es echarle la culpa a los demás en vez de poner las barbas en remojo! ¡Qué fácil criticar a los sifrinos que viven en Petare pero prefieren decir que viven en El Marqués! A mí, tanto club privado y piscina y villas y mansiones que mencionó Chávez en su discurso ante la prensa extranjera me deja un mal sabor en la boca. Peor aún, me deja un tufillo en la nariz, un olorcito que me hace pensar que ese triunfo de Chávez y el PSUV es, en el fondo, una “victoria de mierda”.

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P.D. Varias perlitas dejé a lo largo de este escrito para los que nos fustigan con críticas.

1 – Sí, jugaba con los panas de mi urbanización, no de mi barrio. Tuve la enorme fortuna de crecer en una urbanización, lo cual no me hace millonario. Como mencioné en un escrito anterior, había quienes tenían más que mi familia y quienes tenían menos, pero eso, en aquel entonces, no era importante.

2 – Sí, juegué en más de una ocasión en el Club Hebraica, y en el Club Táchira y en el Italo y en muchos otros, lo cual no me hace socio de ninguno de ellos. Así como mi equipo fue a jugar a esos lugares iban muchos otros, incluyendo equipos de barrios y equipos de los más exclusivos colegios.

3 – Sí, mi papá tenía carro, nunca fue un tipo de a pie. Lo cual no lo hace un oligarca ni un mantuano ni nada por el estilo. (Lo peor del caso es que hoy en día, en la época de las Hummers y los BMW, mi padre no tiene carro).

7 Responses to “Ser un buen perdedor”


  1. 1 Luis Varela Luzardo 25 noviembre, 2008 a las 11:12 pm

    , Ese sujeto tiene diez años desgobernando a Venezuela, y si en esos diez años no ha entendido, como vamos ha pretender que ahora lo haga. Solo los seres humanos que su cerebro funciona en forma normal tienen la capacidad de entender.

    Su desequilibrio mental está tan exageradamente deteriorado que a estas alturas pedirle que entienda, sería tan ingenuo como creer que descendemos de Ada y de Eva o que a los niños los trae de Francia la cigüeña.

    ¡A quién con las siguientes patologías se le puede pedir entender.!

    De acuerdo al manual de diagnóstico de enfermedades mentales (DSM-IV) la palabra loco demente o lunático, ya no se emplean por ser vocabularios genéricos, que no definen enfermedades o trastornos específicos, aparte de que pueden sonar ofensivos o peyorativos.

    La persona que injustificadamente se preocupe, excesivamente de que le van a hacer daño, que duda de su entorno, que siente duda acerca de la lealtad, los siquiatras llaman a estos síntomas: Trastorno Paranoide.

    Cuando viola los derechos de otros sin adaptarse a las normas legales, miente, engaña y manipula, es arrogante, competitivo, es mal perdedor y actúa creyendo que el mal justifica los medios, la siquiatría lo denomina: Trastorno Disocial o Antisocial.

    Cuando una persona requiere compulsivamente ser centro de atención y es profundamente egocéntrica, el término es: Trastorno Histriónico de Personalidad.

    Cuando la persona tiene necesidad de admiración y auto enamoramiento, fantasía de ser exitoso, poder absoluto, creer la necesidad de hablar extenso con detalles inmorales, no es “lunático” es “narcisista”Padece de Trastorno Narcisista.

    Los ataques de ira por episodios coléricos y violentos, donde no pueda controlar los impulsos de ferocidad y falta de control mental y emocional, no se le dice desquiciado, padece de Trastorno Explosivo Intermitente.

    A las personas que sufren distintas enfermedades mentales a la vez- casos raros por cierto- la OMS los define con la palabra “COMORBILIDAD”

    El derecho inherente del capitalismo es el reparto desigual del beneficio.
    El beneficio inherente del socialismo es el reparto equitativo de la miseria. Winston Churchill

    “Existen hombres a quienes no les interesa el dinero, solo persiguen incendiar el mundo”

  2. 2 HAGEN 26 noviembre, 2008 a las 10:15 am

    Ya me extrañaba la actitud del supremo. Pero se le veía la liga detrás de las orejas…

    Con respecto a la P.D, es increible que seas juzgado por ser blanco, de cabello claro y largo, y seas considerado un “oligarca”, así vivas en pleno centro de Caracas, uses busetas, o te “partas el lomo” trabajando inclusive los Domingos, cosa que según el ex-Gobernador de Miranda (JEJEJE) Cabello son exclusivas de los estratos más bajos de la sociedad. Se es “oligarca” por tener aspiraciones en la vida, por querer surgir por méritos propios.

    Y cómo se vanaglorian de haber ganado en los sectores más necesitados! Dejando claro una vez mas que, para sus propósitos, mientras más pobres, mejor. Y el pueblo, SU pueblo, felíz con su bolsa de Mercal regalada y su edificio invadido…

    Por cierto, yo tambien jugaba caimaneras de beisbol (así, criollamente escrito). Pero nosotros sí sabíamos perder, y al terminar, a tomar maltas heladas, mientras nos chalequeabamos mutuamente! Y nadie se molestaba por eso. Cuando éramos felices y no lo sabíamos…

  3. 3 Maie 27 noviembre, 2008 a las 7:28 am

    La palabra Perdedor, no existe en su diccionario…porque la palabra EGO ocupa al menos 800 páginas de este… mucho menos imaginar que va a ser un BUEN perdedor… le falta la calidad humana para poder entender el tema.
    Muy bueno tu escrito.

  4. 4 nomejorobes 27 noviembre, 2008 a las 3:39 pm

    Concuerdo contigo… Lo que más me molesta es esa actitud de señalar que todo el país es rojo rojito… ¿hasta cuando ese discurso de la exclusión que sólo siembra odio entre nosotros? Hay alcaldes chavistas que ganaron por diferencias pírricas, pero ellos insisten en ignorar al resto de los electores y en declarar que toooodo el municipio es chavista. Hay otros que ganaron por diferencias abrumadoras e igualmente dicen lo mismo, olvidando que la democracia es un gobierno de mayorías que debe respetar a las minorías. Todos mantienen el mismo lenguaje excluyente, sectario, racista y hasta xénofobo. ¿Qué ocurrirá en Venezuela cuando las cosas cambien y ellos sean oposición? ¿se salvará algún chavista?

  5. 5 Luis 27 noviembre, 2008 a las 5:00 pm

    ¡Muy bueno tu texto!
    A mí me llama mucho la atención, el esfuerzo para hacer parecer como si hubiese ganado. ¿Y quién se lo va a creer? Los ganadores sonrién, no se lo pasan amenazando, insultando y dando vuelta los números toda una noche.

  6. 6 Negra 28 noviembre, 2008 a las 6:04 pm

    Chávez es como los malos espíritus: mientras más se habla de él, más fuerza tiene. Su conducta, más que la de un gobernante, parece la de un bufón. Y le conviene que la gente crea que ha perdido contacto con la realidad. Así, sus votantes seguirán pensando: “Chávez es bueno, pero está rodeado de gente mala”.

  7. 7 GUARATARO DEL GUAIRE 16 septiembre, 2012 a las 11:33 pm

    Ahora, ¿Qué opinarán los malandros detractores de los sistemas educativo conocidos como “PARASISTEMA” y “LIBRE ESCOLARIDAD” como instrumentos culturales que nos facilita a nosotros, los ignorantes y/o analfabetos, el acceso al conocimiento inconmesurable de la educación, la cultura, la educación, las ciencias y las tegnologías en aras de alcanzar un FUTURO DE CALIDAD?. Ahora ¿Qué clase de malandro maldito será el mentecato que en vez de sugerirnos: “POR TU FUTURO VOTA ABAJO Y A LA IZQUIERDA”, no nos persuade a que “POR TU FUTURO ESTUDIA “PARASISTEMA” 0 “LIBRE ESCOLARIDAD” y mientras aprendes a leer y escribir “POR TU FAMILIA, TUS VECINOS Y TU PAÍS, NO VOTES ABAJO NI ARRIBA NI A LA IZQUIERDA NI A LA DERECHA POR NINGÚN IMBECIL MAMA G….;vale decir, CAP RI RATONSKY


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